Aumentan el calor y los incendios, también el agotamiento bomberil

De los 330 incendios registrados por la Gobernación de Santa Cruz en lo que va del año, 65 fueron forestales, y 265 interface, es decir, en zonas periurbanas, o de transición entre lo urbano y rural.

Estos siniestros interface se dieron en la región metropolitana cruceña, además de Montero, Cabezas, Yapacaní, Puerto Quijarro, Warnes, Colpa Bélgica, San Ignacio de Velasco, San José de Chiquitos, Camiri, Buena Vista, Portachuelo y Concepción.

“Del total de emergencias por incendios, el 19,6% son forestales, y más del 80% de tipo interfaz”, explicó Benjamín Calle, comandante de los bomberos forestales de la Gobernación cruceña.

Sin embargo, Calle aclaró que si bien los incendios forestales son menores en cantidad, la afectación en flora y fauna es mayor en hectáreas quemadas. «Hasta la fecha, la afectación total en hectáreas quemadas en el departamento es de 65.300 hectáreas, y el mayor porcentaje es por incendios forestales», indicó.

Según los datos que maneja la instancia departamental, en el caso de la capital cruceña, la mayoría suceden en la Villa Primero de Mayo, final Virgen de Luján, condominios por la G-77 y Plan 3.000.

En la región metropolitana, Calle informó que los incendios son más recurrentes en Ciudad Satélite, Valle Sánchez, Viru Viru y Parque Latinoamericano (Warnes), y también en Cotoca y Porongo.

Bomberos voluntarios consultados por EL DEBER coincidieron en que las altas temperaturas, los fuertes vientos, y la inconciencia de la población son los ingredientes suficientes para que este año los incendios de interfaz se hubieran incrementado.

Hugo Vargas, comandante del grupo Rescate Urbano, que atiende a la Villa Primero de Mayo, informó que solo en la zona que atienden, los siniestros de interfaz se dispararon en 40%.
“Para nosotros ya son comunes los incendios detrás del Jardín Botánico, Final Tres Pasos al Frente, Laguna Guapilo, y también por San Aurelio”, dijo.

José Carlos Gutiérrez, comandante de los Bomberos Jenecherú, que atiende la zona norte, explicó que, a diferencia del año pasado, hay el doble de incendios. “A veces uno entra al turno y no duerme. Son más incendios interface, los estructurales (en edificaciones) son mínimos”, aseveró.

Joselito Tomichá, subcomandante de los Saviors Pantaneros, de Puerto Quijarro, dijo que incluso hay zonas que se queman de forma recurrente, y que una de estas es la entrada a la terminal de buses de ese municipio. “Fue hace unos dos días, es una zona de pastizal que siempre se incendia, se quemaron entre 50 y 100 hectáreas”, afirmó.

Estragos en el cuerpo
Para los bomberos, con las altas temperaturas y los fuertes vientos no solo aumentan los incendios, sino además el desgaste físico. 

“El rendimiento baja más rápido, y debido a eso se necesitan más recursos, tanto económicos como humanos”, reconoció Calle.

Vargas dijo que, a pesar de que reciben entrenamiento para estas intervenciones, la temperatura del fuego, más peso del equipo, la mochila, el esfuerzo físico, “y encima la temperatura del ambiente, provocan golpes de calor al bombero, y eso es delicado. Por eso tenemos procedimientos de relevo, de hidratación, cuidamos que no se den desmayos”, confesó.

Con las temperaturas de los últimos días, Gutiérrez compartió que la sensación térmica llega a los 40 grados centígrados, e incluso a más por la tela gruesa de los uniformes, las botas caña alta, el casco, el protector facial y las antiparras. “Al colocarnos el Equipo de Protección Personal (EPP) ya empezamos a deshidratarnos”, aseveró.

Según Gutiérrez, al atacar el fuego se siente más rápido el cansancio por la deshidratación que sufren. Por eso, cuando salen para atender emergencias, delegan a uno de ellos la seguridad de los demás, y esta persona es quien hidrata a todos. 

“Siempre llevamos agua, pero en estos días hemos agregado sales para rehidratación porque se ha notado bastante el cambio de temperatura, que produjo desgaste más rápido de los bomberos”, dijo, enfatizando que esto se intensifica porque atienden en promedio cuatro incendios al día, y que el más corto toma dos horas, pero los más grandes demandan entre seis y ocho horas. 

“Pero si es como el incendio del Urubó, se activa a más personal. En el Urubó estuvimos trabajando desde la tarde hasta la madrugada, entre diez a doce horas”, dijo, y agradeció que la mayor parte del trabajo fue en la noche, cosa que los favoreció. “Pero cuando es de día, se siente mucho más el desgaste”, agregó.

Eterna precariedad
Hay dos cosas que más faltan a los bomberos, especialmente los voluntarios: apoyo con normativa que favorezca su labor social, y sanciones para los que inician los incendios.

Vargas, de Rescate Urbano, desde hace tiempo hace campañas recurrentes para poder adquirir un carro bombero que ayude a atender incendios estructurales. Su equipo es el que se instala, a veces, en la avenida Tres Pasos al Frente, para pedir ayuda con la bota en mano.

Dijo que en una oportunidad pidieron un vehículo al Ministerio de Gobierno, en la época de Carlos Romero, pero les pidieron tantos requisitos, que más le sonaron a “trabas”. Por eso, al menos por ahora, operan con un vehículo prestado por un particular.

Lamentó que exista un decreto municipal que multa a las personas que hacen quemas, y que el municipio no sancione.

Los bomberos Jenecherú compran su propia tela porque no logran pagar los trajes certificados, y recurren a un sastre, lo que abarata la inversión, de 500 a 100 dólares por persona. Eso sin contar con botas, antiparras, etc.

Jenecherú tiene una camioneta -fiada- que por ahora está fuera de servicio, y debido a los gastos de reparación, han descuidado el pago de servicios básicos. Aspirar a un carro bombero le suena a quimera.

Según Gutiérrez, han apelado a senadores como Centa Rek para modificar las normas sobre donaciones, ya que no pueden aceptar carros bomberos de otros países debido a un requerimiento relacionado con la antigüedad de los vehículos.

Lamentó que cuando han atendido incendios estructurales en empresas, a pesar de haberles pedido ayuda para el combustible, no obtuvieron respuesta positiva. 

“Les pedimos para el combustible, y la respuesta es negativa. No queda otra que agachar la cabeza y retirarse. Es duro que no exista compromiso de las autoridades. Y si alguien se lastima, corre por nuestra cuenta”, suspiró.

Historia aparte es la sede para estos grupos. Hace poco, los bomberos de Fundasol, con tres décadas de antigüedad, fueron notificados para desalojar, y en la misma situación estuvieron los Jenecherú.

PARA SABER

Normativa que perjudica

Un pedido recurrente de los bomberos voluntarios es que se modifique la normativa para donaciones, que debido a la antigüedad mínima les impide recibir carros de otros países, que son desechados después de cierto tiempo.

Ni los trajes llegan

Lamentaron que incluso los trajes de bomberos tienen que llegar pagando por maletas extra, y gracias a la buena voluntad de colegas extranjeros.

El Deber

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