Eduardo Rodríguez Veltzé vivió uno de los momentos más críticos de Bolivia. Una convulsión social amenazaba la democracia en 2005, cuando era presidente de la Corte Suprema de Justicia y pasó a asumir el mando del país. Es reconocido como un hombre de consenso y eso le da autoridad para identificar los factores que otra vez debilitan la democracia. El exmandatario habló con EL DEBER.

– ¿Qué factores empujan a esta crisis política y social?
Existe la necesidad de mejorar dos ideas fundamentales, la primera es la representatividad en la Asamblea Legislativa que debería conocer y resolver las inquietudes de sus representados. Esto posiblemente no ocurre también por una crisis del sistema de partidos políticos que no tienen una articulación con sus bases, muchos son taxi partidos o hegemónicos. Hay un déficit de representatividad política que se sustituye por movimientos sindicales, vecinales o gremiales.
El otro factor es la ausencia de justicia, no solo la que tiene a su cargo el Órgano Judicial, sino instituciones imparciales que muestren un resultado tangible para la sociedad.
– La crisis en la justicia es un tema recurrente…
Es un tema que los anteriores gobiernos han desatendido y se ha convertido en una herramienta de extorsión política. La venganza política ha vuelto al sistema judicial en una suerte de puerta giratoria donde entra un presidente y encarcela a otro y eso sucede también entre rivales políticos. La justicia se ha vuelto en una herramienta de escarmiento político y no un instrumento para la protección de los derechos fundamentales.
Un tercer punto es que hay una desfiguración del ejercicio de los derechos fundamentales porque si bien es importante el derecho a la protesta, no puede estar por encima de los derechos fundamentales que reconoce la Constitución como el derecho a la vida, a la alimentación, al libre tránsito, a la educación y salud.
– ¿Estos hechos hacen que la democracia sea frágil?
Estos puntos contribuyen a debilitar la democracia, la organización y el ejercicio del poder, debilitan la capacidad ciudadana de elegir a sus representantes, exigirles cuentas, pero con mecanismos pacíficos, institucionales y judiciales.
– ¿Existe una solución estructural para salir de esa crisis?
Por supuesto que existe y tiene que ver con una voluntad política del poder público y una voluntad de los grupos de interés que están movilizados, de comprender que no hay derechos absolutos sobre los derechos fundamentales. Una sublevación no representa la voluntad de todos los ciudadanos, Descarto cualquier posibilidad de ruptura del orden democrático por la vía de la presión pública.
– ¿Qué deberían hacer para arreglar esta situación?
Me parece que lo que tienen que hacer como solución es darse una tregua y demostrarle a la ciudadanía que en esta diversidad de puntos de vista el interés mayor, por la paz pública, el interés por la convivencia fraterna está por encima de sus diferencias personales, políticas y deben ser capaces de forjar una agenda.
El Deber