Bolivia tardará al menos un año en recuperar parte del daño económico provocado por los bloqueos de caminos en La Paz, pero reconstruir la confianza internacional y la credibilidad del país tomará mucho más tiempo. Esa es la advertencia del economista Fernando Romero, quien considera que el conflicto dejó una profunda afectación en la economía y en la percepción internacional sobre Bolivia.

Durante una entrevista en el programa Dinero, de EL DEBER, Romero señaló que las movilizaciones y la crisis de abastecimiento dispararon el riesgo país y generaron un escenario de incertidumbre que hoy golpea tanto al sector productivo como al bolsillo de la población.
“Lo que más va a costar y lo que no se está midiendo todavía es el daño a la credibilidad y confianza. El daño económico para tratar de revertirlo nos va a tomar tal vez hasta un año, pero recuperar la confianza será mucho más difícil”, sostuvo.
Bolivia vuelve a ser uno de los países más riesgosos para invertir
Romero explicó que el riesgo país funciona como un “termómetro financiero y económico” que mide la confianza de los mercados internacionales sobre la capacidad de una nación para cumplir sus compromisos externos.
Según detalló, Bolivia inició mayo con 378 puntos de riesgo país, pero tras las semanas de conflicto la cifra subió hasta 605 puntos, ubicando nuevamente al país como el segundo más riesgoso para invertir en Sudamérica.
“El mercado internacional está viendo con desconfianza e incertidumbre a Bolivia. Los inversionistas perciben problemas de gobernabilidad, conflictividad e improvisación”, afirmó.
El economista recordó que semanas antes las calificadoras internacionales habían mejorado la percepción sobre Bolivia gracias al repunte del oro, el ingreso de recursos mediante bonos y una mayor disponibilidad de reservas internacionales. Sin embargo, los bloqueos alteraron ese escenario.
“Se destruyó en tres semanas lo construido en seis meses”
Romero sostuvo que el conflicto fracturó las cadenas de producción y comercialización, generando pérdidas económicas cercanas a los $us 1.000 millones, además de desabastecimiento y alza de precios.
“Lo que se había construido en seis meses se destruyó en tres semanas. La credibilidad y la visión que se tiene de Bolivia ante el mundo quedaron muy dañadas”, lamentó.
Indicó que el impacto no solo alcanza a grandes industrias o exportadores, sino también a trabajadores informales, gremiales y pequeños comerciantes que dependen de la actividad diaria.
Además, señaló que la percepción internacional amplifica la crisis. “En medios internacionales se da a entender que existe caos en Bolivia y que todos están pidiendo la renuncia del presidente, cuando en realidad el conflicto está focalizado”, dijo.
La Paz vive una “economía de guerra”
El economista describió la situación que atraviesan La Paz y El Alto como una “economía de guerra”, marcada por filas para comprar alimentos, desabastecimiento y precios elevados.
Puso como ejemplo el caso del pollo, cuyo precio en Santa Cruz ronda entre Bs 14 y Bs 15 por kilo, mientras en La Paz llega a costar hasta cuatro veces más debido a la escasez.
“Las personas están viviendo en incertidumbre, no pueden desarrollar sus actividades normales y las clases más pobres son las más afectadas”, señaló.
Romero relató incluso escenas de personas haciendo filas de madrugada y soportando bajas temperaturas para intentar conseguir alimentos básicos.
“En La Paz realmente están sufriendo y creo que se está afectando incluso derechos humanos”, afirmó.
Las medidas para acelerar la recuperación
Para enfrentar la crisis, Romero consideró fundamental que el Gobierno impulse un programa fiscal y financiero “claro, visible y creíble”, acompañado de medidas estructurales que devuelvan estabilidad a la economía.
También pidió priorizar reformas vinculadas a inversiones, hidrocarburos, energías renovables y pacto fiscal, en lugar de concentrar todos los esfuerzos en la conflictividad política.
“El gobierno tiene que hacer un reajuste fiscal importante y equilibrar las finanzas estatales, pero de poco sirve implementar medidas económicas si de un día a otro reaparecen movilizaciones que tiran abajo cualquier proyección”, sostuvo.
El economista advirtió que el problema ya dejó de ser exclusivamente económico y se convirtió también en una crisis política y social que afecta la gobernabilidad del país.
“Es muy complejo hacer política económica en Bolivia cuando todo avance puede retroceder en cuestión de semanas”, concluyó.
El Deber