En medio de una semana en la que enfrentó críticas por la demora en el nombramiento de embajadores de Bolivia en distintas representaciones diplomáticas, el canciller Fernando Aramayo publicó un artículo en el que plantea una nueva visión de la política exterior, enfocada en el interés nacional, el desarrollo económico y la generación de confianza internacional, más allá de las funciones tradicionales del protocolo.

En el texto titulado La diplomacia del interés nacional, el ministro de Relaciones Exteriores sostiene que las relaciones internacionales atraviesan una transformación profunda impulsada por la geoeconomía, la transición energética, la revolución digital y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro. En ese contexto, afirma que la política exterior dejó de ser un ámbito reservado al protocolo para convertirse en una herramienta estratégica destinada a promover el desarrollo de los países.
Aramayo sostiene que el principal activo de un Estado en el escenario internacional es la confianza, entendida como un requisito para atraer inversiones, acceder a financiamiento, fortalecer alianzas y consolidar la credibilidad del país. En esa línea, señala que el interés nacional debe constituirse en el principio rector de la política exterior, orientando las decisiones internacionales hacia la defensa de la soberanía, la democracia, la seguridad y la ampliación de oportunidades para la población.
El canciller también plantea que Bolivia debe asumir un papel más activo en la articulación regional, aprovechando su ubicación geográfica y su potencial energético, minero y ambiental para impulsar corredores bioceánicos, fortalecer la integración, facilitar el comercio y atraer inversión estratégica. Asimismo, sostiene que la acción diplomática debe contribuir a abrir mercados, promover la transferencia tecnológica, captar recursos para infraestructura y proteger a los bolivianos que residen en el exterior.
Otro de los ejes del artículo apunta a la necesidad de modernizar la Cancillería y adecuarla a las exigencias del siglo XXI. Aramayo plantea una institución con mayor capacidad de análisis estratégico, prospectiva, especialización técnica y coordinación con otros órganos del Estado, el sector privado, la academia y la sociedad civil, con el objetivo de anticiparse a los cambios del escenario internacional y convertir la política exterior en una política pública de largo plazo.
La publicación del artículo coincide con una semana particularmente compleja para el titular de Relaciones Exteriores, quien recibió cuestionamientos desde distintos sectores políticos y diplomáticos debido a la demora en la designación de embajadores en varias misiones bolivianas en el exterior. Las observaciones se produjeron en un contexto en el que diversas representaciones permanecen sin titulares o con los mismos funcionarios de la gestión del anterior presidente, Luis Arce, situación que ha generado críticas sobre el funcionamiento del servicio exterior y la conducción de la política diplomática.
En ese escenario, el artículo puede leerse como una exposición de los lineamientos que busca imprimir a la política exterior boliviana. Aramayo concluye que la diplomacia debe trascender la reacción ante coyunturas y convertirse en una visión de Estado orientada a fortalecer la reputación internacional del país, generar oportunidades de desarrollo y actuar con soberanía, pragmatismo y responsabilidad en un entorno global cada vez más competitivo.
En una entrevista que el canciller concedió a EL Deber esta semana, aseguró que el proceso de nombramientos de nuevos diplomárticos comenzará en las próximas semanas y sostuvo que la prioridad de su gestión fue reorganizar la Cancillería y reducir el gasto público antes de completar la representación diplomática.
El ministro confirmó que Chile, Brasil, Paraguay y Estados Unidos forman parte de los países considerados prioritarios en esta nueva etapa. En el caso de Chile, adelantó que el nombramiento del nuevo cónsul boliviano se concretará en las próximas semanas.
El Deber