Las filas frente a los surtidores dejaron de ser una imagen excepcional para convertirse en parte de la rutina diaria de miles de conductores en Bolivia. En varias ciudades del país, las estaciones de servicio permanecen sin combustibles o colapsadas por vehículos que esperan durante horas para cargar gasolina o diésel, mientras la promesa oficial de normalizar el abastecimiento, pocos días después del fin de los bloqueos quedó definitivamente superada por la realidad.

El Gobierno había comprometido la regularización del abastecimiento en un plazo de cuatro días. Esa previsión no se cumplió. Dos semanas después, las filas persisten y la propia YPFB reconoce que la recuperación demandará al menos tres semanas más.
El miércoles, el vicepresidente nacional de Operaciones de la estatal, Víctor Hugo Blacud, admitió que existen problemas en la fluidez del sistema de abastecimiento, pidió disculpas a la población y estimó que la normalización será progresiva y recién podría alcanzarse hacia finales de julio, es decir, dentro de unas tres semanas.
La explicación oficial apunta a los nuevos controles de calidad implementados desde el ingreso del combustible hasta su comercialización, un proceso que —según la empresa— ralentizó la distribución.
La versión, sin embargo, fue cuestionada por el especialista en hidrocarburos Germán Richter, quien sostuvo que los análisis de laboratorio necesarios para certificar la calidad de los combustibles se realizan en cuestión de horas y no de días. A su juicio, atribuir las largas filas exclusivamente a esos controles resulta insuficiente para explicar una crisis que se mantiene pese al fin de los bloqueos. Richter aseguró que el problema responde a factores estructurales, entre ellos la deuda acumulada con proveedores internacionales y las dificultades financieras para sostener las importaciones.
A ese escenario se suma otro frente de conflicto. La Federación de Empresarios Cisterneros del Oriente denunció que YPFB mantiene obligaciones pendientes con las empresas transportadoras desde febrero. El sector asegura que continúa operando para evitar un mayor desabastecimiento, pero advierte que cinco meses sin pagos afectan la reposición de llantas, seguros, mantenimiento y salarios. También reclama una actualización de tarifas por el incremento de los costos operativos.
Mientras los surtidores siguen abarrotados y el abastecimiento continúa siendo insuficiente, parte del gabinete económico viajó a Brasil para reunirse con ejecutivos de Petrobras y explorar nuevas inversiones en el sector hidrocarburífero. Tras el encuentro, el ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, escribió en su cuenta de X que “Petrobras vuelve a Bolivia”, una afirmación que generó observaciones debido a que la petrolera brasileña nunca dejó de operar en el país y mantiene presencia desde hace décadas en la producción de gas natural.
Entre anuncios, explicaciones y negociaciones, la realidad cotidiana continúa siendo la misma: miles de conductores siguen esperando durante horas para conseguir el combustible que necesitan para trabajar en el transporte urbano, para trasladar pasajeros de un departamento a otro y para que avancen la zafra de caña o la siembra de invierno, que se han visto paralizadas porque en el campo no hay diésel caro ni barato.
El Deber