Hermana de boliviano enviado a la guerra en Rusia revela que le ofrecieron un trabajo logístico

La incertidumbre y la angustia marcan los días de la familia de M.V., un boliviano de 44 años que viajó al extranjero con la esperanza de mejorar la situación económica de su esposa y sus cuatro hijos, pero cuyo rastro se perdió tras ser presuntamente reclutado para participar en la guerra en Rusia.

Su hermana, Marina, relató que el hombre dejó Bolivia en marzo de este año sin revelar su destino, ya que, según les explicó posteriormente, tenía instrucciones de mantener en reserva el lugar al que se dirigía. La última comunicación con uno de sus hermanos ocurrió en abril y apenas duró unos minutos.

«En abril es que él le llamó a mi otro hermano y le dijo que estaba en Rusia, que estaba en la guerra, que en realidad cuando le habían reclutado le dijeron que no iba a hacer nada con la guerra, que él iba a hacer trabajo logístico, un trabajo técnico, de esa índole, pero no le dijeron que iba a ir a la guerra», contó Marina.

Según su testimonio, M.V. se encontraba junto a ciudadanos peruanos y colombianos que habrían sido captados bajo condiciones similares. El boliviano les explicó que terminó aceptando participar en el conflicto tras firmar un contrato que ofrecía beneficios como un salario, la posibilidad de obtener la nacionalidad rusa y otras ventajas.

Sin embargo, esos beneficios nunca llegaron a su familia. Marina explicó que, aunque supuestamente le depositaron el dinero prometido en un banco estatal ruso, las restricciones financieras impidieron que pudiera transferirlo a Bolivia.

«Esa plata está hecha para que no salga del país porque está en un banco que es estatal, que está sancionado, es todo un problema. Y cuando a mi hermano ya le habían depositado, supuestamente porque no sabemos si realmente le transfirieron, él trató de hacerle llegar la plata, pero nunca se pudo», afirmó.

De acuerdo con el relato de la familia, otros extranjeros que compartían con él la misma situación tampoco lograron enviar recursos a sus seres queridos. La oferta inicial contemplaba un pago de 20.000 dólares, aunque los desembolsos presuntamente se realizaban en rublos.

Marina también reveló que la comunicación con su hermano era limitada y se realizaba únicamente mediante Telegram, ya que tenía prohibido utilizar su teléfono celular. La última noticia que recibieron fue que había sido «movilizado». Antes de desaparecer, les envió su código de soldado y les expresó su preocupación por el futuro de su esposa y sus hijos.

«Me habló como si se despidiera, dijo que estaba muy preocupado por sus cuatro hijos y por su esposa. Yo le dije que los íbamos a apoyar, pero que haga lo posible para regresar», recordó.

La familia desconoce en qué unidad militar fue incorporado o quién era su superior. Solo saben que se encontraba destinado en una zona alejada de las principales ciudades y mantienen la esperanza de que la falta de comunicación se deba a problemas de acceso o a que ya no dispone de un teléfono.

«Tengo que tener fe de que mi hermano está vivo. Un mes y medio lo tuvieron entrenando, comiendo, pero después yo veía que estaba como en un cuarto, en un búnker», manifestó Marina.

Ante la falta de información, la mujer solicitó la intervención de las autoridades bolivianas y rusas para conocer el paradero de su hermano y orientar a las familias que atraviesan una situación similar. Según indicó, su cuñada acudió anteriormente a la Embajada de Rusia, pero no obtuvo respuestas.

«Quiero ver qué más puedo averiguar, qué más puedo hacer. Mientras más alcemos la voz podemos hacernos escuchar», expresó.

Al concluir su llamado, Marina dirigió un mensaje a su hermano con la esperanza de que pueda escucharlo algún día: «Te amo mucho y que quiero que vuelvas, como sea, pero que te amamos, que te estamos esperando y estamos orando por vos y que Dios te traiga salud y salud».

Correo Del Sur