Temen no recuperar los cuerpos de Rusia

“Los cuerpos que quedan por allá ya no los rescatan. Son demasiados muertos como para enviarlos a sus países”. La advertencia llegó desde Rusia a la esposa de un ciudadano boliviano que habría muerto pocos días después de ingresar por primera vez a la zona de combate.

La mujer conserva mensajes y la grabación de una llamada realizada entre el 27 y el 28 de junio por un hombre que se presentó como segundo comandante y que estaba en posesión del teléfono celular de su esposo. Hasta ahora, la familia no recibió una confirmación oficial de la muerte, tampoco conoce el lugar exacto donde habría ocurrido ni sabe si sus restos podrán ser recuperados.

El testimonio obtenido por EL DEBER refleja una de las consecuencias más crudas del reclutamiento de extranjeros para combatir del lado ruso en la guerra contra Ucrania: la posibilidad de que los fallecidos queden abandonados en el frente y sus familias nunca reciban un cuerpo para despedirlos.

El boliviano partió de Santa Cruz el 24 de abril junto con un primo. Su esposa asegura que completó los documentos en aproximadamente tres días y que informó a su familia cuando estaba a punto de viajar. La promesa era recibir $us 16.000 al llegar a Rusia y generar otros ingresos durante su permanencia.

El hombre decidió aceptar la oferta con la esperanza de pagar una operación para uno de sus hijos, que tiene un problema en un párpado. “Somos una familia de escasos recursos. Con esa ilusión se fue tan lejos, para hacerlo operar a su hijo y sacarnos adelante”, relató la mujer.

Pese al monto prometido, el único dinero que logró enviar fueron Bs 20.000, alrededor de 20 días después de su partida.

Periplo

Antes del viaje, los intermediarios le habrían dicho que recibiría un año de entrenamiento militar. Al llegar a Rusia descubrió que la preparación sería mucho más corta y que después sería enviado directamente a la guerra.

Durante varias semanas se comunicó todos los días con su familia. Las llamadas y mensajes se interrumpieron el 3 de junio, fecha en la que, según una pariente, habría ingresado a la zona de combate.

La versión recibida posteriormente señala que murió el 8 de junio, apenas cinco días después y durante su primer enfrentamiento. La información no provino de autoridades rusas, bolivianas ni de una comunicación militar oficial, sino del denominado segundo comandante.

La fiscal en Razón de Género, Alejandra Rocha Villarroel, informó que se solicitaron datos a empresas de telecomunicaciones, aerolíneas y agencias de viaje, además de información a la Cancillería y a la Embajada de Rusia. Las investigaciones buscan establecer el paradero de los ciudadanos, las rutas utilizadas y la participación de posibles intermediarios.

El Deber