El pollo subió 25% y el dólar amenaza con encarecer más la mesa del hogar

El pollo volvió a subir y el golpe llegó directamente al bolsillo. En agosto, su precio aumentó 25,16% en solo un mes. Para una familia que lo compra varias veces por semana, el dato significa llevar menos carne, reducir porciones o destinar más dinero a la misma comida.

El incremento fue tan fuerte que, por sí solo, explicó casi la mitad de la inflación mensual. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 1,10% en agosto, después de caer 2,79% en julio. La inflación acumulada en los primeros ocho meses llegó al 3,01% y la registrada durante los últimos 12 meses se situó en 5,02%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El pollo no fue el único producto que se encareció. Los quesos aumentaron 3,95%; el aceite, 2,95%; la manzana, 2,10%; la papa, 1,84%, y la leche pasteurizada, 1,29%. Comer fuera de casa también costó más: el pollo al espiedo o a la brasa subió 3,04%; el plato extra, 1,68%, y el almuerzo, 0,62%.

La presión alcanzó otros gastos. Los celulares aumentaron 9,01%; los refrigeradores, 6,17%; las cocinas a gas, 5,54%; las computadoras portátiles, 5,52%, y la pasta dental, 4,32%. Bajaron el transporte interdepartamental en flota, el tomate, la arveja, los huevos y la carne de res, pero el salto del pollo inclinó el resultado general hacia arriba..

Una mesa cada vez más cara

Detrás de cada porcentaje existe una pérdida concreta en la vida diaria. Si el salario permanece igual, pero la comida y los artículos necesarios para vivir cuestan más, el ingreso compra menos. La familia conserva la misma cantidad de billetes, pero pierde capacidad para cubrir sus necesidades.

Es la diferencia entre el ingreso nominal y el poder adquisitivo. Una persona puede seguir recibiendo Bs 3.000 o Bs 5.000 cada mes, pero ese monto pierde fuerza si debe destinar una proporción mayor a comprar los mismos alimentos, pagar transporte o reponer productos básicos. Los precios suben y el salario se queda atrás.

Ese deterioro obliga a sustituir productos, elegir presentaciones pequeñas, postergar compras o recortar otros gastos. El impacto es mayor sobre los hogares de menores ingresos, que destinan una parte más grande de su presupuesto a la alimentación y tienen menos margen para absorber un aumento abrupto.

La inflación tampoco fue uniforme. Oruro registró el mayor aumento, con 1,38%, seguido de Potosí, con 1,36%. En el área metropolitana de Santa Cruz, los precios subieron 1,25%, por encima del promedio nacional. Cochabamba registró 1,19% y La Paz, 1,12%.

El dólar añade otra presión

El encarecimiento de agosto no fue provocado por la última subida del dólar. Pero la escalada de la divisa aparece ahora como un riesgo adicional para los precios de las próximas semanas.

La cotización oficial pasó de Bs 11,92, vigente entre el 29 y el 31 de agosto, a Bs 12,45 para hoy 4 de septiembre. El dólar aumentó 53 centavos, equivalente al 4,25%, en cuatro días hábiles. Bajo el régimen flexible, su valor se convirtió en una referencia directa para importadores, productores y comerciantes.

Cuando el dólar sube, se necesitan más bolivianos para comprar la misma cantidad de divisas. Eso puede encarecer medicamentos, celulares, repuestos, vehículos, maquinaria y materias primas. El efecto también alcanza a productos nacionales que dependen de fertilizantes, semillas, medicamentos veterinarios, envases o aditivos importados.

Al respecto, el economista Germán Molina considera prematuro afirmar que la inflación volverá a acelerarse de manera generalizada. Una subida del dólar durante algunos días, explica, no necesariamente se convierte en un incremento permanente de los precios.

“Una nueva realidad”

El Gobierno sostiene que el país debe acostumbrarse a una “nueva realidad”: en un mercado flexible, el dólar puede subir o bajar. El presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), David Espinoza, afirmó que esas fluctuaciones son normales bajo el nuevo esquema.

Sin embargo, la flexibilidad tendrá límites. El ministro de Economía, Christian Morales, anunció que el Ejecutivo coordina medidas con el BCB, la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) y el INE para moderar el incremento y corregir posibles movimientos especulativos.

“No vamos a esperar que llegue a Bs 15, Bs 18 o Bs 20 para intervenir”, advirtió Morales. La declaración muestra que el Gobierno acepta las variaciones del mercado, pero reconoce que una escalada descontrolada puede trasladarse a los precios, alimentar la incertidumbre y profundizar la pérdida del poder adquisitivo. El ministro no detalló qué medidas serán aplicadas ni el nivel del dólar que activará una intervención.

Ahora, las familias enfrentan dos señales. La primera ya está en los mercados: el pollo y otros productos cuestan más. La segunda aparece en la cotización del dólar y anticipa nuevos riesgos. Mientras los ingresos no aumenten al mismo ritmo, cada subida obligará a repartir el mismo salario entre una mesa más cara y necesidades que no dejan de crecer.

El Deber