Bolivia aporta hasta 15% de cocaína de la región andina, según la Unodc

Bolivia aporta entre el 10% y el 15% de la producción de cocaína de la región andina, equivalente a entre 400 y 600 toneladas, y se ha convertido en un punto de interés para organizaciones internacionales del narcotráfico que operan en alianza con grupos locales, advirtió Bo Mathiasen, director de Operaciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

Mathiasen explicó que Naciones Unidas estima actualmente una producción de unas 4.000 toneladas de cocaína pura en los países andinos. Colombia concentra la mayor parte de esa producción, seguida por Perú, mientras que Bolivia representa la proporción menor, aunque con un peso creciente dentro de las redes del crimen organizado.

“Ahora estimamos 4.000 toneladas de cocaína pura que se produce en los países andinos. Bolivia es el pequeño productor, entre el 10 y el 15% de la totalidad de la cocaína se produce en Bolivia”, declaró a un medio estatal.

La advertencia fue realizada un día después de la presentación del 23º Informe de Monitoreo de Cultivo de Coca en Bolivia 2025, elaborado por la Unodc, que reportó un incremento de 7% en la superficie cultivada con coca respecto a 2024.

El informe establece que Bolivia llegó en 2025 a 36.400 hectáreas de coca, una cifra que supera en 14.400 hectáreas el límite establecido por la legislación boliviana.

Mathiasen señaló que una parte de la producción excedentaria de coca termina vinculada al narcotráfico y sostuvo que la transformación de la hoja se realiza dentro del territorio boliviano. “Hay mucha coca que se produce y que se va para algún lado, y es obvio que va para el narcotráfico”, afirmó.

El funcionario descartó que grandes volúmenes de hoja de coca excedentaria sean trasladados hacia otros países para su procesamiento, debido a los costos de transporte. Según su análisis, existen en Bolivia laboratorios destinados a la transformación de la materia prima en cocaína. “Es claro y es obvio que hay laboratorios de conversión a clorhidrato de cocaína aquí en Bolivia en gran escala”, señaló.

El informe de la Unodc también plantea una referencia sobre el potencial de producción. Si toda la coca cultivada en Bolivia durante 2025 hubiera sido destinada a la elaboración de cocaína, el volumen resultante se habría estimado en aproximadamente 427 toneladas.

Más allá del cultivo y la producción, Mathiasen alertó sobre la expansión de las estructuras criminales internacionales y su conexión con actores asentados en Bolivia.

“Los carteles o los grupos grandes del crimen organizado fuera de Bolivia, están trabajando conjuntamente con grupos familiares o agrupaciones locales. Entonces, esto no se puede ver de manera aislada”, sostuvo.

El director de Operaciones de la Unodc indicó que el análisis del narcotráfico debe considerar no solo la producción de hoja de coca y cocaína, sino también las rutas hacia los mercados internacionales, entre ellos Europa, Norteamérica, Medio Oriente y África.

En ese escenario, mencionó la presencia y capacidad de organizaciones como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho, grupos brasileños que tienen actividades vinculadas al crimen organizado en la región.

Mathiasen sostuvo que el narcotráfico funciona actualmente como una estructura económica transnacional, con organizaciones capaces de coordinar actividades financieras y operativas en distintos países y continentes.

Ante el crecimiento de estas redes, el funcionario de Naciones Unidas planteó que la respuesta contra el narcotráfico no puede limitarse a acciones individuales de cada país. “Es muy importante que los países enfrenten este problema de manera conjunta, que haya una estrategia no solamente a nivel nacional, sino también a nivel regional”, afirmó.

También consideró necesario diferenciar entre los pequeños productores de coca y las estructuras que financian y facilitan el tráfico de drogas. A su juicio, los campesinos representan el eslabón más vulnerable de la cadena, mientras que la persecución debería concentrarse en quienes financian el ingreso de precursores químicos, sostienen los laboratorios y facilitan la salida de cocaína hacia mercados internacionales.

El Deber