El Webb, una ventana que muestra la pequeñez humana

La imagen más profunda del universo jamás tomada por los habitantes de este planeta. Así lo aseguró la Agencia Federal Espacial de los Estados Unidos, más conocida como NASA, por sus siglas en inglés, cuando presentó una fotografía del telescopio James Webb el 12 de julio de 2022. Fue una ceremonia especial para estrenar un nuevo portento óptico que destrona a otro que se mantuvo invencible durante más de 30 años, el Hubble. Pero además fue, sobre todo, un nuevo momento para, sin palabras, llamar a los habitantes de este planeta a un baño de humildad y sosiego. 

A primera vista en la imagen es posible observar cientos, tal vez miles de puntos alargados, brillantes, algunos con formas de dobles cruces de haces luminosos. Se estima que algunas de esas imágenes se hallan a 13 mil millones de años luz. ¿Estrellas a esa casi inimaginable distancia? No, cada una de esas luces no son precisamente estrellas, son galaxias. Es decir, cada una de esas luces muy probablemente están compuestas por cientos de miles de millones de estrellas. 

Se ven también galaxias de diferentes formas, desde esferoides hasta las siempre llamativas galaxias espirales. Los astrónomos han advertido incluso que hay algunas incluso capturadas en pleno acto de interacción o de canibalismo galáctico.

Sólo un granito de cielo

Y cada conjunto de estrellas viajan por el universo con sus planetas asociados. Éstos a su vez tendrán sus lunas. Así como nuestro Sol y nuestro planeta con su solitario satélite. Pero esa colosal dimensión de la fotografía del Webb tiene además un matiz en la descripción que realizaron los astrónomos: se trata, comparativamente, de apenas un trozo de cielo del tamaño de “un grano de arena sobre la punta de un dedo con el brazo sostenido —según ha explicado el administrador de la NASA, Bill Nelson—. Una pequeña porción del universo”. 

Técnicamente, la toma muestra un cúmulo de galaxias SMACS 0723 a todo color y en alta resolución. Para fotografiar esos cientos de galaxias, el telescopio James Webb apeló a su sofisticada técnica de infrarrojos. El telescopio también ha captado otros elementos cósmicos, en un efecto cuyo término técnico es el de lente gravitacional. Paulatinamente se irán haciendo públicas más imágenes en la página web del nuevo megalente terrestre.

La segunda imagen

De hecho, este miércoles 3 de agosto, el Webb atravesó el tiempo y enormes cantidades de polvo para captar y retransmitir otra deslumbrante imagen. Se trata de la Galaxia Rueda de Carro que fue fotografiada con una claridad sin precedentes, según informaron tanto la NASA y como la Agencia Espacial Europea (ESA).

Situada a unos 500 millones de años luz de la Tierra, en la constelación del Escultor, la Rueda de Carro adquirió su extraordinaria forma tras una colisión frontal entre dos galaxias. El impacto hizo que dos anillos se expandieran desde el centro de la galaxia, “como las ondas de un estanque después de arrojar una piedra en él”, explicaron la NASA y la ESA en un comunicado conjunto.

El centro de la galaxia presenta un anillo blanquecino más pequeño. El anillo exterior, con radios multicolores, se ha expandido en el universo durante unos 440 millones de años, explicó el comunicado. A medida que el exterior se expande, choca con el gas, lo que provoca la formación de nuevas estrellas. El telescopio Hubble, precisamente el telescopio al que destronó el Webb, ya captó imágenes de esta extraña galaxia anular, que se cree que era una espiral como la Vía Láctea antes de que una galaxia más pequeña la golpeara.

El gran Hubble

El Hubble ha tenido un desempeño impecable e histórico desde su lanzamiento al espacio el 24 de abril de 1990. Se trata de un proyecto conjunto entre la NASA y la ESA. Una misión de servicio del transbordador espacial de 1997 le dotó de capacidad de observar infrarrojo cercano. Orbita a la Tierra una vez cada 95 minutos y 42 segundos en una órbita casi circular a una altura de 547 kilómetros y a una velocidad media de 7,59 kilómetros por segundo. Pero el telescopio Webb, que se lanzó en diciembre de 2021, tiene un mayor alcance para conseguir las fotografías. 

La capacidad de Webb para detectar la luz infrarroja le permitió ver a través de la “enorme cantidad de polvo caliente” que entorpecía la vista de la Galaxia de la Rueda de Carro, afirmaron la NASA y la ESA. Esto reveló nuevos detalles sobre la formación de estrellas en la galaxia, así como el comportamiento del agujero negro supermasivo en su corazón, dijeron. También pudo detectar regiones ricas en hidrocarburos y otras sustancias químicas como un polvo similar al de la Tierra.

El Webb, gracias a esa capacidad de captar la luz infrarroja, logra penetrar las nubes de gas y polvo que rodean al centro galáctico. Esto significa que los astrónomos podrán obtener imágenes de una calidad nunca antes vista que desvelarán, por ejemplo, los secretos que se encuentran ocultos en el núcleo de la Vía Láctea, la galaxia, como es sabido, que alberga al sistema solar, cuya tercera esfera circundante y predominantemente azul es el planeta en el que habitamos. 

Se le aplica, sobre todo, la función de investigar el universo primitivo para ofrecer respuestas a cuestiones astrofísicas de primera magnitud. Desde la NASA también esperan que “observe más allá de mundos distantes alrededor de otras estrellas y pruebe las misteriosas estructuras y orígenes de nuestro universo y nuestro lugar en él”. 

Sin precedentes

El telescopio espacial James Webb es el más potente lanzado al espacio en la historia de la humanidad. Muchos lo consideran como el nuevo y mejorado Hubble. Este proyecto, fruto de la colaboración entre la NASA, la ESA y la Agencia Espacial de Canadá (CSA, por sus siglas en inglés), fue lanzado al espacio el 25 de diciembre de 2021, y en un mes había llegado a su destino definitivo: el segundo punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra. Es un punto ubicado a 1,6 millones de kilómetros de nuestro planeta, más del triple que el Hubble. Coordenada considerada ideal porque mantiene siempre una misma orientación con respecto a la Tierra y al Sol, evitando así cualquier interferencia.

El telescopio ha reunido muchas expectativas en torno a sí. Con un espejo primario de 6,5 metros de diámetro, y en combinación con los avanzados instrumentos científicos de los que dispone, puede obtener una resolución y una sensibilidad sin precedentes. De este modo, los astrónomos podrán entender la composición estelar y química de estas galaxias, algunas de las cuales pudieron haber sido de las primeras formadas en el universo hace más de 13 mil millones de años. Se trata de los objetos deformados o multiplicados más rojos y pequeños en las imágenes que ya ha enviado.

Más allá del presente

Si la magnitud del universo que se presenta gracias a los trabajos del Webb y del Hubble sorprende por su inmensidad, obviamente pasa lo propio al reflexionar sobre los tiempos. Las distancias resultan tan grandes que superan el límite habitual de nuestra relación con las imágenes, es decir, la velocidad de la luz. 

Aquella primera imagen compartida por el presidente estadounidense contiene galaxias de diferentes épocas de la historia del universo. Por ejemplo, el cúmulo de galaxias al centro produjo su luz hace 4.600 millones de años. Esto significa que la luz captada tardó ese tiempo en llegar a la Tierra. Por esa razón se recuerda que la astronomía siempre está observando el pasado.

La luz que sale de cualquier objeto del espacio debe viajar para llegar a la Tierra. A medida que esté a más de 300 mil kilómetros (la velocidad de la luz es 300 mil kilómetros por segundo), entonces llegará con un retraso en relación al presente. Por ejemplo, la luz de la Luna tarda algo más de un segundo en llegar a nosotros; la imagen del Sol tarda ocho minutos; la de la estrella más cercana, la Próxima Centauri, arriba en cuatro años. Entonces en esos casos vemos a la Luna, el Sol y Próxima Centauri como eran hace poco más de un segundo, ocho minutos y cuatro años, respectivamente.

En suma, gracias al Webb, y antes al Hubble, y a varios de sus predecesores o ayudantes ópticos es posible ver astros miles de millones más grandes que nuestro Sol. Un astro que a su vez es 100 veces más grande que nuestro planeta. Es posible ver lo que fueron astros a los que llegaríamos viajando durante miles de millones de años a la velocidad de la luz. Y, sin embargo, todo eso que acaba de captar el Webb se compara a un grano de arena puesto en un pulgar en relación a la probable inmensidad del universo. 

Detrás del lente del Webb, una civilización de pequeñísimos seres confinados a apenas unos cuantos kilómetros y un puñado de decenas de años de existencia.

Oh redacción

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