Una réplica de ‘Younghee’, del Juego del Calamar, el caro regalo de una quinceañera

Fedor Sanabria despidió la infancia de su hija, Carla, con un regalo de más de cinco metros de altura, la muñeca ‘Younghee’, de la película el Juego del Calamar. Con mucho esfuerzo, el presente fue llevado hasta el salón del Colegio Médico de Cochabamba, donde el padre de familia celebró la fiesta de 15 años de su hija, el pasado 3 de septiembre.

“Le di ese regalo a mi hijita por el gran amor que le tengo. Es mi primera hija y es fanática del Juego del Calamar y yo también lo soy”, relató el padre feliz a La Razón.

Explicó que la entrega de la “última muñeca” es una tradición en su familia y que simboliza dejar atrás su infancia para entrar a la etapa de la madurez.

Fue “una noche de insomnio” cuando Fedor, de profesión médico anestesista, maquinó en su mente la idea de darle la última muñeca a su hija, pero una gigante. Así, al día siguiente, buscó contactos de escultores y encontró el del reconocido artista cochabambino David Bonilla, quien junto a otros siete escultores elaboró la réplica de Younghee. Ese trabajo ¡duró tres meses!

“Le propuse (a David) el reto de fabricar la muñeca y aceptó. Sabía que era un trabajo complicado pero lo hizo”, complicó el médico.

El acto central de la fiesta había llegado. Acompañado por un grupo de jóvenes de una academia de danza quienes llevaban la vestimenta con la temática del Juego del Calamar y de fondo la música de la película, Fedor, con una máscara de The Front Man, ingresó al salón.

Carla, la quinceañera junto a su familia. Foto: Fedor Sanabria.

Posteriormente, con los ojos vendados, entró la quinceañera y al quitarse la venda vio el regalo gigante que su padre le hizo.

“Mi hijita no podía creer. Al principio, pensó que había rentado la muñeca solo para la fiesta y le dije que no, que la muñeca era de ella. Ahora estamos buscando un espacio en la casa para llevarla allí”, relató.

El escultor David Bonilla contó que usó arcilla, estructura metálica y fibra de vidrio para construir la muñeca. Asimismo, instalaron un sistema para dar movimiento a la cabeza de la réplica e iluminación en los ojos. Solo en materia prima, Fedor invirtió cerca de $us 3.000.

¿Le haría usted un regalo de ese tamaño a su hija o hijo quinceañero?

La Razón

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