A 40 años de la instauración de la democracia, el expresidente Carlos D. Mesa Gisbert refiere que, desde que el Movimiento Al Socialismo (MAS) llegó al poder, Bolivia vive en una “autocracia”.
—Según usted, ¿cuál es el estado de la democracia en el país?
—Hoy lo que vivimos es una autocracia. El Gobierno y el MAS controlan arbitraria y discrecionalmente los cuatro órganos del Estado, lo que desmiente la existencia de una democracia representativa. Pero no sólo eso; desconoce la democracia participativa al no aceptar la voz del pueblo que se expresa, entre otros mecanismos, a través del cabildo y manipular la consulta previa como lo hizo en más de un caso (parques nacionales y territorios indígenas). Desconoce la democracia comunitaria al despreciar, ningunear y avasallar a través de sus militantes y activistas, los territorios y derechos de los pueblos indígenas de tierras bajas.
—¿Qué consecuencias tiene en la sociedad boliviana?
—La autocracia que gobierna todavía vive de rentas materiales y políticas, y de un extractivismo depredador, le hace un daño irreparable al país cohonestando la corrupción y el envilecimiento de amplios sectores de la sociedad, lo que está generando una pérdida e inversión de valores éticos de comportamiento individual y colectivo de la sociedad boliviana.
—¿Cuáles son los mayores riesgos que enfrenta la democracia en este tiempo?
—La situación de polarización cada vez mayor en el país, está rompiendo los espacios para el diálogo. Si bien salta a la vista que es imprescindible una reconciliación y un camino hacia la paz, está claro que el partido de gobierno se alimenta del discurso de odio y la confrontación, y de alimentar rencores que cruzan dos ejes altamente sensibles: el étnico y el regional.
La normalización de la mentira como arma arrojadiza contra el adversario, a través de un mecanismo tan poderoso como el de las redes sociales, alimenta un populismo autoritario que, con tal de permanecer en el poder, no duda en inventar una narrativa que destruye la verdad de los hechos.
Gracias a esa perversión del uso de la tecnología, tenemos la afirmación de un inventado “golpe de Estado” y la negación de un monumental fraude electoral, que ha permitido a los autócratas, con una justicia y un Ministerio Público sumisos, perseguir, encarcelar y condenar a opositores, o mantenerlos amenazados (…).
La corrupción como forma de acción, entre otras cosas, para cooptar a movimientos y estructuras sociales a favor del sistema, es quizás el cáncer mayor de todo el tejido social.
—¿Cómo enfrentar esta situación para recuperar o fortalecer la democracia en el país?
—La batalla más importante, la que definirá el destino de nuestra democracia, tiene que ver con la recuperación de una justicia y un Ministerio Público independientes a través de una reforma constitucional que garantice la selección y nombramiento de las más altas autoridades de ambas instancias, en el marco de alta idoneidad profesional, imparcialidad, independencia y honestidad.
El segundo elemento clave es contar con un nuevo padrón electoral creíble y totalmente depurado, nuevas circunscripciones uninominales (para lo que el censo en 2023 es imprescindible) y un nuevo tribunal electoral, hoy controlado totalmente por militantes del MAS.
Los Tiempos
