“Dina escucha, los chancas están en camino”, gritan campesinos de esta etnia peruana con fama de belicosos en Humay, 200 kilómetros al sur de Lima. Bloqueados por la Policía, quieren movilizarse a la capital para exigir la dimisión de la presidenta Dina Boluarte, la disolución del Parlamento y elecciones inmediatas.

Estas casi 200 personas detenidas en Humay, al pie de la Cordillera de los Andes, pudieron finalmente llegar a Lima en la madrugada de ayer tras un viaje de 40 horas en camiones y buses. Ahora esperan las consignas para manifestarse en la capital, dijo uno de ellos por la mañana.
Miles de manifestantes, en su mayoría de zonas del sur del país, se han congregado en los últimos días en Lima para dar más peso a su movimiento iniciado el pasado 7 de diciembre tras la destitución del presidente izquierdista Pedro Castillo, de origen indígena y encarcelado tras un fallido autogolpe al tratar de disolver el Congreso.
Los disturbios desatados desde entonces dejaron 42 muertos. El Gobierno ha declarado el estado de emergencia en una parte del territorio para frenar la disputa. La Policía recibió instrucciones para frenar en Humay el avance de los manifestantes hacia la capital.
Una fila de policías de choque equipados con cascos y escudos prohíben el tránsito y otros protegen la comisaría local.
“Asesina”
Los cuatro choferes del grupo fueron detenidos por “problemas del seguro del vehículo y de control técnico” del motorizado, según el agente de policía Álex Escalante Salazar, que niega todo obstáculo a la circulación y asegura incluso hacer lo posible por acelerar el “procedimiento”.
“La Policía nos impide llegar a Lima. La golpista probablemente les dio orden de atacarnos por el camino”, dice Julián Huamán, campesino de 30 años, esgrimiendo un cartel con la bandera de la región de Apurimac que hace referencia a la presidenta Boluarte. “Ya nos bloquearon arriba (de la montaña). Nos revisaron todos, nos hicieron abrir los bolsos, pero tenemos las manos limpias”, explica uno de los líderes, Abdón Félix Flores Huamán, un campesino diplomado en sociología, de 30 años.
El grupo partió el domingo en la tarde desde Andahuaylas, uno de los epicentros de las manifestaciones, donde en diciembre murieron dos personas. “En las comunidades, cada cual donó uno o dos soles (entre 25 y 50 centavos de dólar). Con ese dinero llegamos a Lima”, afirma.
Las autoridades advierten que los manifestantes están “manipulados” y “financiados por la minería ilegal o el narcotráfico”.
En Humay, los manifestantes gritan consignas hostiles a la Presidenta: “traidora”, “asesina”.
Boluarte era la vicepresidenta de Pedro Castillo (y del mismo partido) y le sucedió apoyada en la Constitución. Ella también es de Apurimac.
En uno de sus discursos invitó a sus coterráneos a llegar hasta Lima a dialogar con ella. Los habitantes de Andahuaylas pretendieron tomarle la palabra.
“Dina Boluarte dijo que nos quiere ver en Lima , entonces nos va a ver en Lima”, sostiene desafiante Anastasia Lipe Quispe.
Dice que no se dejará intimidar por las barreras policiales en las rutas. “Iremos a Lima como sea. A pie si es necesario. Tenemos nuestro maíz y nuestro queso” para el viaje, añade decidida. La barrera policial finalmente fue levantada luego de la medianoche del lunes.
La crisis es también un reflejo de la enorme brecha entre la capital y las provincias pobres, que apoyaron al entonces presidente izquierdista Castillo y vieron en su elección una forma de venganza por el desprecio recibido de Lima. “Esto es una lucha de la nación chanca. Una lucha de los quechuas, los aymaras contra un Estado que tiene 200 años de República y que sigue marginando. La lucha es contra el racismo”, opina Germán Altamirano, un agricultor de 75 años que luce su tradicional sombrero con motivos coloridos.
El lunes en la noche, las facciones se mostraban como dibujadas, el cansancio se lee en los rostros después de 24 horas de viaje. Las mujeres de Humay traen un plato enorme lleno de pasta. Se forma una cola para comer. “Nos juntamos para apoyar a nuestros hermanos en la lucha. Queremos que se remueva a Dina Boluarte, que se cierre el Congreso y un asamblea constituyente”, explica María.
Las exigencias también son económicas. Las regiones andinas tienen la impresión de ser desatendidas por la capital, más rica. Varios manifestantes acusan a las “multinacionales”, especialmente a las mineras, de “saquear” el país sin que haya inversión en ese sector.
“La vida es dura en el Perú. Ahorita es muy caótica. Un campesino gana 930 soles (235 dólares) y tienen algunos hasta 2 familiares” a cargo, subrayó Abdón Félix. “Si un peruano no es capaz de dar la vida por su país no es peruano, vamos a seguir luchando por nuestros hermanos que ya dieron la vida. Nosotros también estamos dispuestos”, aseguró.
Policía desbloquea varios tramos de la ruta Panamericana
La Policía Nacional de Perú (PNP) desbloqueó varios tramos de la carretera Panamericana interrumpidos por piquetes de manifestantes en el norte del país, así como la Vía Interoceánica en la amazónica región de Madre de Dios, afectada por las protestas en contra del Gobierno.
Un contingente de la Policía, apoyado por el Ejército, llegó a la provincia de Virú, en la región de La Libertad, para desbloquear la carretera Panamericana Norte a la altura del distrito de Chao.
Los manifestantes intentaron resistir el avance de la Policía, pero los agentes llegaron con maquinaria pesada cedida por el gobierno regional para limpiar de piedras y neumáticos quemados.
Al cabo de unos minutos, la carretera fue liberada y el tránsito se restableció en esta importante vía que comunica toda la costa del país, desde la frontera con Ecuador hacia el límite con Chile en el sur.
En otro punto del país, la Policía también intervino en el bloqueo que decenas de manifestantes habían impuesto en la selvática carretera Interoceánica, que comunica la región de Madre de Dios con Bolivia y Brasil. (EFE).
EFE
