La palma derecha repasa suavemente la boca del estómago, cierra sus ojos y empieza su relato de cómo fue aprehendido la madrugada del viernes 14 de julio en una de las viviendas improvisadas en las márgenes del río Madre de Dios, describe el culatazo que lo despertó y el puño que le encajó un policía en el bajo vientre que lo dejó fuera de combate.

“El policía me dijo, ‘quedate quieto si no va a pasar otra cosa’ y ahí me quedé, estaba sonámbulo todavía, seguía dormido, cuando levanté la cabeza miraba a mis compañeros, todingos boca abajo en tanto frío”, dijo antes de cerrar los ojos.
Por más de cuatro horas, los tuvieron de rodillas o sentados en la arena del río, mientras el amanecer calaba en sus huesos y los dejaba sin poder reaccionar. Así estuvieron mientras llegaba el fiscal que diera legalidad a las aprehensiones.
“Nos tenían amarrados en pleno frío, no nos dieron ni agua y ahí llegaron los otros compañeros, nos subieron a los botes, nos repartieron y nos llevaron”, prosiguió su relato Rodrigo, a través de la red local, Elay Diario Digital Riberalteño.
En medio de su impotencia y sorpresa los balseros contemplaron cómo los policías colocaron los cartuchos de dinamita a las dragas en el río. Después de eso los que estaban de espaldas lograron voltearse para ver cómo volaba por los aires la fuente de trabajo que tenían hasta entonces.
“Nunca preguntaron por papeles o documentos, se fueron directo contra nosotros, ni preguntaban, simplemente era agarrarnos y directo al piso me enmanillaron”, prosiguió y por esa razón algunos no tenían sus documentos para identificarse.
Los familiares de otro muchacho relataron que hasta el momento no puede hablar porque a él lo sacaron con un arma apuntando a su cabeza y lo tuvieron así por mucho tiempo. “Mi hijo no puede hablar, porque desde que lo cogieron le pusieron arma en la cabeza, y él ahorita parece que está traumando, todo está mal, no sé cómo vamos a hacer para que mi hijo se componga”, relató entre sollozos el padre del muchacho.
La madre de Rodrigo también relató que se asustó cuando supieron que la Policía estaba deteniendo a los balseros y ella corrió hasta la comunidad que sirve de base de operaciones e intentó llegar al lugar de las dragas, pero fue impedida de pasar por los policías que estaban custodiando el lugar.
“El policía estaba encapuchado, no se le veía la cara, él me dijo que me iba a disparar si no retrocedía para atrás y yo le dije ‘mátenme’, ‘yo muero aquí, pero defendiendo a mi hijo, yo quiero a mi hijo’, le dije y ahí vino el otro señor policía, ¿qué grado tendrá? él dijo ‘que ella pase’ y pude ir a la playa”, relató la madre de familia.
Rodrigo no podrá trabajar porque la medida dispuesta por el juez de La Paz determinó detención preventiva sin salida laboral, lo que significa que deben permanecer dentro los domicilios que declararon en la audiencia cautelar.
Rodrigo tiene un convencimiento, seguirán apoyando las medidas de presión para lograr la libertad de los 19 balseros que fueron llevados a Cobija, hicieron esa promesa cuando estaban detenidos en las celdas de La Paz. La gélida ciudad a donde llegaron como fueron aprehendidos.
“Todos estábamos con buzo o corto y polera, nadie tenía abrigo, llegamos como a las 02:00 a Cobija creo y de ahí nos llevaron a La Paz. La Defensoría (del Pueblo) de Cobija nos dio algo de ropa y café caliente, pero en La Paz no teníamos nada”, lamentó este muchacho que fue trasladado desde la amazonia boliviana hasta la sede de Gobierno, soportando las bajas temperaturas de La Paz.
El Deber
