La edad para hablar de sexualidad con los niños, niñas y adolescentes depende de su desarrollo cognitivo y emocional, así como de factores culturales y familiares. Sin embargo, se recomienda hacerlo alrededor de los cinco o seis años, e incluso antes, porque desde bebés sus cuerpos merecen respeto y cuidado.

“Nuestra sexualidad comienza cuando nos descubrimos vivos. Nuestros hijos e hijas nacen con un sexo biólogo y más adelante desarrollan los otros, como el legal, el psicológico y el social. Eso lo debemos explicar con información clara, precisa y respetuosa a medida que van creciendo”, señaló la psicóloga, especialista en sexualidad y directora de la Asociación Psinergia, Marynés Salazar Gutiérrez.
Resaltó que es un proceso que debe darse en el hogar y complementarse con las escuelas.
De 3 a 6 años: el cuerpo y las características de niños y niñas
En esta etapa es importante enseñar a los niños conceptos básicos del cuidado personal y autoconocimiento, como el uso del baño y la higiene corporal, en especial de sus genitales. En este proceso es que niñas y niños se descubren diferentes.
“Empiezan a prestar atención a las diferencias del cuerpo. Ven que las mujeres tienen senos y preguntan ¿por qué tienes tetas y él no? En el kínder se percatan que sus amiguitos y amiguitas orinan diferente y quieren saber ¿por qué? Esas son preguntas sexuales que hay que responder con sabiduría”, explicó Salazar.
Para responder a estas preguntas es necesario enseñarles los nombres correctos de las partes del cuerpo, incluyendo los genitales. Esto les ayudará a desarrollar una buena autoimagen y a entender que todas las partes de su cuerpo son importantes y deben ser tratadas con respeto.
“La respuesta debe tener suficiente información y ternura. El adulto debe poder explicar que los hombres tienen un pene y las mujeres, vulva. Se debe dejar de poner malicia en los términos para que nuestros niños y niñas manejen información de forma correcta”, indicó la especialista.
No use sobrenombres porque se genera morbo y vergüenza. Enfatice en la privacidad y la importancia de respetar su cuerpo y los de los demás. Esto servirá para hablar de los toques apropiados y los no apropiados, cómo decir “no” y avisar si reciben toques que los incomodan. Este punto es muy importante para prevenir la violencia sexual.
Use términos claros, respetuosos y adecuados, porque será la forma en la que el niño o niña se expresará con los demás. Todos estos conceptos son claves para establecer una base sólida y poder hablar de sexualidad a medida que crezcan y tengan una comprensión más profunda.
De 6 a 10 años: el pudor y los estereotipos de género
“Más o menos entre los seis y 10 años aparece el pudor con el cuerpo. Niñas y niños quieren bañarse y vestirse solos porque comienzan la búsqueda de intimidad”, explicó Salazar.
La respuesta a esta búsqueda debe ser positiva y si bien se debe mostrar respeto por la privacidad, se debe dejar claro que como padres aún están ahí. Acá se debe informar a los niños de las posibilidades de denuncia ante una agresión sexual.
“En muchas casas no se habla de esto, se lo ve como algo malo. Cuando sucede, los niños y niñas no denuncian porque sienten vergüenza y culpa”, advirtió.
En esta etapa los niños reorganizan sus afectos más allá de la familia. Las redes de amigos y amigas se vuelven muy importantes y es cuando se marcan más los estereotipos de género.
Es importante que apoye a chicos y chicas, en diferentes ámbitos, sin ningún tipo de segregación, basada en que hay actividades que corresponden a las mujeres o a los hombres.
De 10 a 12 años: el ingreso a la pubertad y la menstruación
Los niños y niñas empiezan a tener cambios físicos. Acompañe con información clara, empática y precisa.
“Tenemos que explicarles con ternura, pero también con ciencia y academia, que van a dejar de ser niños y niñas y empezarán una etapa llamada pubertad”, recomendó Salazar.
No es bueno asociar estos cambios con algo negativo o sucio, en especial cuando se habla de la menstruación, porque puede generar barreras para el desarrollo de las niñas. Lo mismo aplica al hablar con los niños sobre los sueños húmedos, o descargas de semen al dormir.
Para ambos casos es necesario acudir a la anatomía de los genitales y los órganos sexuales. En este punto es muy importante el apoyo de las escuelas.
Hable de cómo las niñas podrían crecer un poco antes que los niños, sobre cómo a ambos les saldrá vellos en varias partes del cuerpo y que por ello necesitarán mayor higiene. “A las niñas se debe explicar que van a desarrollar un botón mamario y luego senos; que tienen diferentes características y que no hay porque compararlos a los modelos publicitarios”.
En los niños se debe hablar del cambio de voz y la “manzana de Adán”. Además de cómo se ensanchan los hombros y cómo podrían tener bigotes o barba.
Recuerde que la primera menstruación y eyaculación marcan el paso de la niñez a la juventud y necesitan estar informados y tener confianza.
De 13 a 17 años: la adolescencia
Es importante dialogar sobre la valoración de la intimidad y el adecuado desarrollo físico, psicológico y emocional antes de un encuentro genital.
Estudios muestran que la postergación de las relaciones coitales es más común cuando hubo una educación sexual sostenida durante el crecimiento. En contrapeso, quienes no tuvieron una formación integral buscan información en la pornografía, el internet u otros espacios de riesgo, que hacen que se precipiten a estas relaciones.
“A veces, cuando los padres y madres queremos hablar con ellos, a esta edad, nos dicen: ya sé, ya no me digas. Tenemos que ser muy asertivos y decir: es probable que sepas más que yo, pero dame la tranquilidad de explicarte. Dialogue sin generar prohibiciones como ‘no hagas’, ‘no digas’, ‘está mal’. Cuando se prohíba, debe quedar claro porqué”, explicó la especialista.
Otro punto es el enamoramiento y sus etapas: la atracción, el deseo y el apego. Explíquelo como algo que puede pasar muchas veces a lo largo de la vida y aclare que tener pareja no implica u obliga a las relaciones coitales.
También se debe tocar temas como relaciones saludables y violentas, cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual y el embarazo, derechos sexuales y reproductivos.
En este momento se debe hablar del respeto a la diversidad sexual.
Aunque al llegar a los 18 ya termina el crecimiento, aún quedan muchas cosas por hablar y aprender. Si los y las jóvenes tienen información y apoyo tomarán mejores decisiones.
Última recomendación
Aunque a lo largo de esta nota se tocó contenidos relevantes para la educación sexual de niños y adolescentes, eso no quiere decir que los bebés no la requieran. En esta etapa toman conciencia de su cuerpo y es necesario protegerlos.
“De cero a un año, podemos facilitar ese proceso con énfasis en la privacidad del cuerpo infantil y el reconocimiento de su intimidad. A veces no reconocemos esto en los bebés y por eso hay quienes los besan y dan caricias en la boca, genitales o nalgas. Lo hacen con cariño, pero también invaden su intimidad”, reflexionó Salazar.
Añadió que es necesario enseñar que las caricias de cariño se deben dar en partes no íntimas, cabeza, frente, manos.
“La educación integral en sexualidad es el mayor recurso para prevenir todas las violencias, pero especialmente la violencia sexual”.
Marynés Salazar, Psinergia
¿Por qué es tan importante?
Según datos de la Unesco sólo el 34% de los jóvenes en todo el mundo tienen conocimientos sobre la prevención y transmisión del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).
Además, sólo dos de cada tres niñas, en varios países, “no tienen idea de lo que les sucede cuando comienzan a menstruar”.
Bolivia no escapa a esta realidad. En el último punto no hay estadísticas actualizadas del país, pero algunos estudios advierten que en algunas regiones las niñas y jóvenes enfrentan barreras para el acceso a productos higiénicos para la menstruación y la educación adecuada sobre su cuerpo y su salud sexual.
Esto puede llevar a una perpetuación de mitos y creencias erróneas que ponen trabas a su desarrollo. Incluso puede limitar su acceso a la escuela.
Bolivia, además, es uno de los países de la región con los índices más altos en embarazos adolescentes, gestaciones infantiles producto de violencia sexual, violencia contra las mujeres y abuso sexual contra mujeres, niñas y niños.
Un reporte de la Unesco afirma que los programas de educación sexual con base en currículo escolar mejoran las actitudes en relación con la salud sexual y reproductiva.
Identificó que hay un mayor conocimiento acerca de diferentes aspectos de la sexualidad, de los comportamientos sexuales riesgosos, de los riesgos del embarazo, del VIH y otras ITS, del consentimiento informado y de un inicio precoz en las relaciones sexuales.
“En sexualidad, sexo, coito y erotismo no son lo mismo”
“Aún se confunde sexo con coito y esto es dañino, porque no nos permite generar una educación integral de la sexualidad. Debemos recordar que el sexo tiene que ver con un conjunto de condiciones que distinguen entre machos y hembras, en la condición de animales, y hombres, mujeres e intersexuales, en la de humanos”, dijo Salazar.
El sexo tiene cuatro dimensiones: biológica, psicológica, legal y social. El sexo biológico está en nuestro cuerpo y tiene que ver con la bioidentidad (hombres, mujeres o intersexuales). Está ligado a lo cromosómico, genital, germinal, hormonal y cerebral.
El psicológico tiene que ver con la conciencia de ser hombre, mujer, intersexual o transexual. Se manifiesta en nuestra capacidad de enamorarnos de alguien del sexo opuesto (heteroerotismo), del mismo sexo (homoerotismo) o de la persona sin importar el sexo (bierotismo y panerotismo). Esto es la orientación sexual.
Una tercera dimensión es el sexo legal, dado por el reconocimiento jurídico en el certificado de nacimiento o la cédula de identidad. Y el cuarto aspecto es el sexo social, al que conocemos como género.
“No nacemos con género, nacemos con sexo biológico, desarrollaremos el psicológico al enamorarnos y el legal con el certificado. Pero el sexo social lo aprendemos de la sociedad, de aquello que se considera masculino y se enseña a los varones y lo que se considera femenino y se enseña a las mujeres”, indicó.
Diferencia del sexo, tenemos al erotismo. La academia lo entiende como la búsqueda y disfrute consciente del placer, que puede ser propio (como degustar sabores) o de pareja.
“Cuando miramos a una persona y nos atrae, sonreímos, coqueteamos y nos sonrojamos, tenemos una vivencia erótica de pareja. Puede ir desde chequeos, toques, caricias, hasta una tercera experiencia dentro de la sexualidad: el coito”, dijo Salazar.
El coito es el nombre correcto de un encuentro genital. A este término es al que la gente suele llamar sexo y por eso se generan confusiones. “Mientras la gente piense en el sexo como sinónimo de coito, pensará que la educación integral de la sexualidad es educación para tener relaciones coitales, cuando no es así”, apuntó.
Contenido en la nueva currícula de Bolivia
La nueva currícula educativa de Bolivia incluye la educación sexual como una materia obligatoria en primaria y secundaria. Busca brindar información científica y segura sobre sexualidad, salud sexual y reproductiva, derechos humanos y relaciones afectivas saludables.
Dentro de esta temática, la nueva currícula no solo toca temas como el VIH, las enfermedades de transmisión sexual o la biología del cuerpo humano, sino varios otros muy importantes.
Por ejemplo, para secundaria se incluyen el enamoramiento, mitos del amor romántico, manejo de rupturas amorosas, peligros de parejas agresivas, feminicidios, embarazo no planificado y paternidad responsable.
También aborda temas como masculinidades, igualdad de género, el respeto a las diversidades sexuales y la despatriarcalización.
En inicial se pueden ver temas como las partes del cuerpo y la forma correcta de nombrarlas. Otros puntos son: la disposición de dar y recibir cariño, concepto de intimidad, decir no y denunciar interacciones inadecuadas con los adultos y no guardar secretos que los hacen sentir incómodos.
Uno de los puntos que se tocará en primaria es el análisis de los estereotipos corporales de belleza, las conformaciones de la familia en distintas épocas de la historia y trata de personas.
“No queremos que sigan aprendiendo que la sexualidad se reduce a genitales y penetración, sino que es mucho más, que es una área de nuestra vida que está desde que nacemos hasta que morimos; que incluye afectos, responsabilidad y valores, de forma metódica y de acuerdo a sus edades”, dijo Andrea Terceros, miembro del Pacto Nacional por los Derechos Sexuales y Reproductivos.
Página Siete
