En los últimos seis años el costo de la subvención a los carburantes creció en una proporción de 7,4 veces, mientras que la importación de gasolina y diésel se disparó por 19 veces desde 2006 hasta 2022. Esta situación es una de las causas de la salida de divisas y la caída de las reservas internacionales netas (RIN).

Según datos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), en 2016 el costo de subsidio a la gasolina y el diésel era de 1.424 millones de bolivianos (204,5 millones de dólares).
El presidente de la estatal, Armin Dorgathen, informó el pasado 23 de febrero que la subvención al diésel en 2022 llegó a 1.163 millones de dólares y a la gasolina 550 millones de dólares, es decir 1.713 millones de dólares como costo total. Es decir un aumento de 740% en seis años.
Las importaciones de combustibles pasaron de un valor de 228 millones de dólares en 2006 a 4.365 millones de dólares en 2022, es decir 1.814,6% más, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Las mayores compras externas y subvención tienen que ver con la caída de la producción de gas y líquidos, mayor demanda de combustibles, el alza del precio internacional y costos logísticos, particularmente en 2022 a raíz de la guerra en Ucrania.
La directora del Inesad, Beatriz Muriel, explicó que los precios fijos funcionan si es que las economías y gobiernos tienen la capacidad para mantener el subsidio, ya sea porque cuentan con ingresos fiscales altos y un tipo de cambio y reservas internacionales netas (RIN) elevadas. “Pero qué pasa cuando ya no hay ese sustento, es ahí cuando se tienen problemas económicos y por algún lado estallan”, dijo.
Para la economista, por el alto costo que esto representa para el Estado se debería pensar en alguna solución. Se pueden analizar aumentos paulatinos de la gasolina, pero es algo que también puede generar rechazo. “Por eso se debe pensar en alguna estrategia para reducir la subvención, sobre todo ahora que se tiene un problema con el déficit fiscal alto y la balanza comercial negativa”, apuntó Muriel.
Recordó que de los subsidios se benefician ricos y pobres, pero si se ajustan precios se pueden analizar paliativos para quienes son los más necesitados. El problema es que hay mucha informalidad, no hay un historial de ingresos de los más pobres.
El exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos explicó que el descenso de las RIN tiene como principal causa la importación y subvención a los carburantes.
Añadió que en Perú, a través de la tarifa eléctrica, se visualiza a sectores que consumen menos y se les entrega gas licuado de petróleo (GLP) a precio subsidiado a través de un vale.
En otros países ocurre lo mismo y se focaliza a los más pobres, pero en Bolivia se benefician por igual todos, incluso aquel que tiene tres autos.
Alertó que los subsidios no pueden ser de largo plazo porque los Estados se quedan sin plata y por eso la otra opción es ir desregulando los precios. “Se ha dejado que el tema se vuelva crítico. En 2022 el costo ha sido muy fuerte por el alza del petróleo y del margen de refinación a nivel internacional y del margen de los comercializadores y traders. Eso le ha golpeado muy duro al país y ha encarecido las compras. Este año va a bajar el precio, pero no el volumen”, dijo.
Bolivia va a necesitar hidrocarburos por los siguientes 30 años y la pregunta, según Ríos, es si el país puede darse el lujo de seguir importando con el riesgo de que por cualquier evento el precio del crudo suba a 150 dólares. “Por eso es importante un nuevo marco jurídico para explorar y se permita nuevos descubrimientos de gas y petróleo”, apuntó.
Ríos agregó que el etanol con una mezcla de hasta 12% es parte de la solución, al igual que la importación de petróleo por ducto para las refinerías o impulsar energías alternativas.
Para el analista en temas energéticos Francesco Zaratti la solución real a largo plazo pasa por reducir la demanda de gasolina y no aumentar la oferta y avanzar en la transición energética.
“Se puede bajar la demanda de gasolina con autos eléctricos, si hubiera planificación para transformar el parque automotor con incentivos, habría menor demanda y no se necesitaría importar gasolina”, apuntó.
Se debe avanzar a un menor consumo de gasolina con planificación de largo plazo.
La otra solución estructural, según Zaratti, es importar menos y producir más hidrocarburos, pero eso requiere exploración e inversión. La mayoría de los pozos que ha perforado YPFB han sido negativos. La idea de biocombustibles no es la solución porque son más caros que el precio de los combustibles y su producción genera riesgos ambientales. Recordó que se importa el 70% del diésel y 40% de la gasolina que se consume en el país y hay problemas con el GLP.
El Gobierno dice que hace esfuerzos por preservar subsidios
El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, aseguró el viernes que el Gobierno hace esfuerzos por mantener la subvención a los combustibles, alimentos y energía eléctrica en un contexto mundial complicado.
“Este 2023 es un año muy complejo en el mundo porque todavía las tasas de inflación siguen altísimas. En economías avanzadas la gente sigue sufriendo por el aumento de los precios de la gasolina, de la energía eléctrica, del transporte y de los alimentos”, precisó la autoridad -según ABI- en la Rendición Pública de Cuentas Inicial 2023.
El 10 de febrero, Montenegro admitió que la subvención a los carburantes presiona sobre el déficit fiscal, variable que el año pasado hubiese sido inferior si este gasto no era tan elevado. “El déficit fiscal hubiese sido mucho menor si no fuera el esfuerzo tan fuerte que ha hecho el TGN para seguir subvencionando el diésel y gasolina”, puntualizó.
En el Presupuesto 2023 se estima un gasto 7.642 millones de bolivanos ($us 1.107 millones) para la subvención al diésel, insumos y aditivos a la gasolina, incentivo a la producción de petróleo y otros.
Página Siete
