Megacárcel, un reclusorio para combatir a pandillas que desangran El Salvador

Más de 60.000 presuntos pandilleros han sido detenidos en El Salvador en el contexto de una guerra lanzada en marzo de 2022 por el presidente Nayib Bukele contra las maras, amparado en un régimen de excepción. Ahora el gobierno ha construido una megacárcel para encerrar a unos 40 mil pandilleros.
La mayoría de los detenidos pertenece a la MS-13 y a la Barrio 18. 

La medida es cuestionada por organismos humanitarios que denuncian presuntas violaciones a las garantías individuales.

Los detenidos estaban “formando empresas criminales que tenían como objetivo cooptar al Estado” y realizaban “infinidad de actividades criminales”, según el fiscal general Rodolfo Delgado.
El régimen de excepción, que permite detenciones sin orden judicial, se instauró en respuesta a una escalada de la violencia que cobró la vida de 87 personas del 25 al 27 de marzo de 2022. 

A casi un año de entrar en vigor el régimen de excepción, de acuerdo con el ministro de Justicia Gustavo Villatoro, las autoridades han detenido a más de 900 cabecillas de células criminales, y a 10 de 15 miembros del mando general de la Mara Salvatrucha, responsable de las decisiones de la pandilla, conocido como Ranfla Nacional.

Las autoridades sospechan que los otros cinco mandos de la MS-13 están fuera del país.

Los detenidos estaban “formando empresas criminales que tenían como objetivo cooptar al Estado” y realizaban “infinidad de actividades criminales”, según el fiscal.

“Estas personas en realidad son enemigos del Estado, por más que lo intentemos no las vamos a rehabilitar, su modo de vida es la delincuencia”, aseveró Delgado.

Un sondeo de la firma CIG-Gallup reveló el miércoles que el 90% de los salvadoreños evalúa bien o muy bien la gestión de Bukele.

Antes del comienzo de esta guerra, en marzo, en las cárceles de El Salvador había 16 mil pandilleros.

Pieza fundamental
La nueva megacárcel donde serán recluidos 40.000 presuntos pandilleros es una “pieza fundamental” para ganar la guerra a la delincuencia en El Salvador, afirmó el miércoles el presidente Nayib Bukele, tras recibir elogios y críticas al presentar la prisión. 

“Ayer (martes) inauguramos el Centro de Confinamiento del Terrorismo” (Cecot), es “una gigantesca obra realizada en tan solo siete meses, y que además es una pieza fundamental para ganar por completo la guerra contra pandillas” lanzada hace 10 meses, escribió el mandatario en Twitter.

La gigantesca prisión, en una aislada zona rural y dotada de mucha tecnología, es la “más grande de América”, según el gobierno salvadoreño. Fue construida en virtud del régimen de excepción con el cual Bukele combate a las violentas maras o pandillas, que antes controlaban la mayor parte del territorio salvadoreño.

La prisión fue presentada a los salvadoreños el martes en una cadena nacional de radio y televisión, que mostró a Bukele inspeccionando el penal.
Bukele ha dicho que los gobiernos salvadoreños anteriores “tenían a los pandilleros [presos] con prostitutas, con equipos de playstation, con pantallas, con teléfonos celulares, con computadoras (…), premiando al delincuente”.

Las maras se han dedicado principalmente a extorsionar masivamente a comerciantes, empresarios y transportistas, pero también al sicariato y al tráfico de drogas al menudeo. 

Por dentro
Construida en un valle rural a una corta distancia del imponente volcán Chichontepec, en Tecoluca, unos 74 km al sureste de San Salvador, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), se destaca por rigurosos controles de ingreso. 

El penal fue construido para recluir a parte de los 62.975 pandilleros detenidos bajo un régimen de excepción que fue decretado por el Congreso a petición de Bukele, como respuesta a una escalada de violencia que se cobró la vida de 87 personas entre el 25 y 27 de marzo pasado.

Con el fin de construir la cárcel el Estado compró 166 hectáreas, 23 de las cuales fueron utilizadas para construir ocho pabellones que se encuentran dentro de un perímetro rodeado por un muro de concreto de 11 metros de altura y 2,1 kilómetros, protegido por alambradas electrificadas.

Para ingresar al presidio, tanto reclusos como personal de seguridad y administrativo, tienen que llegar a zonas de registro antes de pasar por tres portones fortificados controlados por guardias de seguridad.

Cada pandillero que llegue, además de pasar por un escáner corporal deberá registrarse en un área de ingreso donde le tomarán fotografías.
Las autoridades no han informado cuándo comenzará el traslado de pandilleros a la megacárcel. 

Autonomía
Para dar autonomía al presidio, el ministro salvadoreño de Obras Públicas, Romeo Rodríguez, declaró que se perforaron dos pozos, se instalaron una planta de abastecimiento de 600 metros cúbicos de agua, cuatro cisternas, y construyeron ocho subestaciones de energía eléctrica. 

Con el fin de garantizar el fluido eléctrico, el penal dispone además de plantas de emergencia a base de combustible. También fue construida una planta de aguas residuales.

Frente a los pabellones de celdas, figura un cuarto de control para operar los sistemas de agua y electricidad para que los internos no tengan capacidad de “manipular” ambos servicios, explicó el director del Cecot, quien prefiere mantenerse en el anonimato.

Los pabellones tienen un techo curvo que garantiza la ventilación natural para los presos.

En la cárcel, que fue construida en un tiempo récord de siete meses, trabajaron 3.000 personas y la obra fue supervisada por una empresa mexicana.

Cada pabellón posee un área de construcción de 6.000 metros2, y en cada una de sus 32 celdas provistas de barrotes de acero, se alojarán “más de cien” pandilleros, explicó el ministro Rodríguez.

Los reclusos disponen en cada celda -de unos 100 metros cuadrados-, de dos piletas con agua corriente para el aseo personal, y dos inodoros. Cada celda también dispone de camarotes de lámina de hierro sin colchón para que duerman 80 personas.

Además, en cada pabellón existen las “celdas de castigo” oscuras y sin ventanas que serán utilizadas con los pandilleros de mala conducta. No se han construido patios (…), áreas de recreación, ni espacios conyugales”, por lo que los pandilleros solo saldrán de la celda cuando vayan a una sala para su proceso judicial virtual.

Críticas
Para el director de la oenegé Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, Miguel Montenegro, la megaprisión “es una vergüenza para el país”. 

“El gobierno se jacta de tener la cárcel más grande de América Latina, lo cual no es un orgullo sino un cuestionamiento que conlleva riesgos de hacinamiento y violencia”, comentó Montenegro, afirmando que hay que combatir las pandillas “utilizando métodos que sí lleven a la readaptación”.

El rector de la jesuita Universidad Centroamericana, Andreu Oliva, consideró que el gobierno debe apostar por la “rehabilitación” de los reclusos, pues “merecen una segunda oportunidad”.

“La función del sistema penitenciario es cambiar a las personas”, sostuvo Oliva.
La organización Amnistía Internacional expresó el viernes “su profunda preocupación” por la nueva cárcel y llamó a Bukele a “cambiar de rumbo” en su política de arrestos masivos.

AFP

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