La decisión del Senado de Bolivia de eliminar el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) y restituir el 100 % del crédito fiscal en la compra de combustibles abre un nuevo escenario para la economía nacional. Ambas medidas, que ahora esperan su promulgación, apuntan a corregir distorsiones que durante años han sido cuestionadas por sectores productivos, analistas y usuarios del sistema financiero.
Más allá del debate político, el eje de fondo es claro: reducir costos, incentivar la formalidad y mejorar la liquidez en la economía.
El economista, Ruddy Sanguino, sostuvo que son buenas noticias el que quede sin efecto el ITF y que se restituya el 100% del crédito fiscal en la compra de combustible.
“Estas dos medidas de alguna manera reducen la distorsión que había en el ámbito financiero. El ITF fue puesto en vigencia en 2006 con el objetivo de bolivianizar la economía del país. Sin embargo, eso generó un incremento extra para las empresas que deben negociar en dólares, dado que el 65% de lo que se produce en el país se lo debe importar. No debe olvidarse que al año el país importa 10 mil millones y eso tenía un pago extra”, sostuvo Sanguino.
El ITF: un impuesto cuestionado desde su origen
El ITF fue creado en 2006 como un tributo temporal para gravar operaciones en moneda extranjera dentro del sistema financiero. Sin embargo, con el paso del tiempo, se mantuvo vigente y se convirtió en un costo adicional para empresas y personas.
Diversos estudios de organismos económicos y entidades financieras han señalado que este tipo de impuestos tienden a generar efectos contraproducentes. En América Latina, experiencias similares en países como Perú o Argentina mostraron que gravar transacciones bancarias puede reducir el uso del sistema formal y aumentar la informalidad.
En Bolivia, el ITF aplicaba principalmente a operaciones en dólares, en un contexto donde la divisa es clave para importaciones, comercio exterior y ahorro.
El economista, Luis Fernando Ortiz, sostuvo que cuando se penaliza el uso del sistema financiero, la gente busca alternativas informales. Eso reduce la transparencia y limita la capacidad del Estado de controlar y recaudar de manera eficiente.
Uno de los principales beneficios esperados con la eliminación del ITF es el retorno de recursos al sistema bancario.
Actualmente, muchos agentes económicos prefieren operar fuera de los bancos para evitar el impuesto, lo que reduce la intermediación financiera. Esto, a su vez, limita la capacidad de los bancos para otorgar créditos.
Con la eliminación del tributo, se espera, un mayor uso de cuentas bancarias, incremento en depósitos, mayor disponibilidad de crédito y una reducción de costos en transferencias
Crédito fiscal pleno: alivio directo a sectores productivos
La segunda medida aprobada —la restitución del 100 % del crédito fiscal en combustibles— tiene un impacto más directo en los costos de producción. Hasta ahora, las empresas no podían recuperar completamente el crédito fiscal del IVA en la compra de gasolina y diésel, lo que encarecía sus operaciones.
Este aspecto era especialmente crítico para sectores como: transporte, agroindustria, construcción y logística. Sobre el tema Sanguino subrayó que, con la nueva normativa, las empresas podrán: reducir costos operativos, mejorar su flujo de caja, transparentar su contabilidad, evitar distorsiones en la facturación y reducir el impacto en precios y consumidores
Aunque las medidas están dirigidas principalmente a empresas, sus efectos podrían trasladarse a los consumidores. Al reducirse los costos en sectores clave, existe la posibilidad de: menor presión inflacionaria, de una estabilidad en precios de bienes y servicios y de una mayor competitividad en el mercado.
El Deber