Una Bolivia polarizada debate sobre la calidad de la democracia

La democracia en Bolivia está en debate. La polarización política también salpica este tema. Unos sienten que se quebró en el gobierno de Evo Morales y, otros, con el de Jeanine Áñez.

¿Cuál es la situación actual? ¿Bolivia lleva o no 40 años de democracia? El debate entre analistas y políticos lleva a dos corrientes claras. En los hechos, ambas coinciden con la ruptura del proceso democrático, pero con dos presuntos culpables: El Gobierno de 14 años de Evo Morales, en los que sus críticos afirman que se cooptaron los poderes del Estado; y para los oficialistas, el de Áñez, al que llaman un gobierno “de facto, porque rompió el orden constitucional”.

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) realizó un estudio entre el 2 y el 27 de marzo de 2022, mediante 2.000 entrevistas telefónicas en los nueve departamentos del país, en enclaves rurales y urbanos, controlando cuotas de género, edad y nivel socioeconómico.

Una de las preguntas fue: ¿Cuál de las siguientes palabras describe mejor su sensación respecto a la situación actual del país? El 36,7% marcó las casillas de esperanza y la confianza; 30,2% el de la incertidumbre; el 22,1% la de la angustia y el enojo y un 8,9% optó por manifestarse indiferente. La encuesta se aplicó al año del gobierno de Luis Arce Catacora.

El expresidente y líder de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, está convencido del logro que significó la gigantesca conquista histórica del 10 de octubre de 1982, “fecha central de nuestro pasado que ganó la democracia para los bolivianos y las bolivianas”.

Pero, aseguró que “hoy lo que vivimos es una autocracia. El gobierno y el MAS controlan arbitraria y discrecionalmente los cuatro órganos del Estado, lo que desmiente la existencia de una democracia representativa. Pero no solo eso; desconoce la democracia participativa al no aceptar la voz del pueblo que se expresa, entre otros mecanismos, a través del Cabildo y manipular la consulta previa como lo hizo en más de un caso (parques nacionales y territorios indígenas). Finalmente, desconoce la democracia comunitaria al despreciar, ningunear y avasallar a través de sus militantes y activistas, los territorios y derechos de los pueblos indígenas de tierras bajas”.

La autocracia -según Mesa- que gobierna todavía vive de rentas materiales y políticas, “y de un extractivismo depredador, le hace un daño irreparable al país cohonestando la corrupción y el envilecimiento de amplios sectores de la sociedad, lo que está generando una pérdida e inversión de valores éticos de comportamiento individual y colectivo de la sociedad boliviana.

Para el ministro de Justicia, Iván Lima, la característica principal de la democracia es que las mayorías y minorías logren consensos y acuerdos que van mucho más allá de cinco años de gestión como una reforma judicial, que requiere mediano y largo plazo para concretarse.

“Cuando existen acuerdos como el Pacto de La Moncloa (sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política en la España de los años 70), o en Bolivia los acuerdos de los dos tercios en la época de Luis Ossio Sanjinés, u otros que nos permiten tener esa visión de largo plazo, tenemos una democracia sana. Pero, cuando hay intolerancia, factores de representación parlamentaria o la sociedad civil que no quieren dialogar o no están dispuestos a tener ese acuerdo en temas que benefician a todos, la democracia no está en su mejor estado”, aseguró.

Además, sostiene que Bolivia no puede celebrar 40 años de democracia continua porque el 2019 se interrumpió la democracia, “sostenemos que hubo un golpe de Estado y que el de Áñez fue un gobierno de facto, que interrumpió la democracia”, dijo Lima.

El politólogo y profesor en la Universidad Internacional de la Florida, con sede en Miami (EEUU), Eduardo Gamarra, consideró que la elección de Evo Morales fue absolutamente legítima y llegó con una fuerza y espíritu de renovación muy importantes. “El debate está en que aprovechando la mayoría, siguió un modelo que concentró el poder en el Ejecutivo y atacó los principios básicos de la democracia liberal y representativa, lejana a lo que se intentó construir desde 1982”, aseguró.

Dijo que el MAS criticó la democracia pactada, “pero todas las democracias lo son, todas merecen la oportunidad de dar representación y voz a todos. A partir de 2006, con la llegada de Evo Morales, se construye un modelo de partido único sin respeto por las minorías”.

Bolivia se gobierna con un modelo sindical, “lo que lleva a la concentración del poder en el Ejecutivo, 
lo que se llevó a avasallamientos con violaciones a los DDHH, nunca reconocidas por los gobiernos de Evo ni de Arce”.

Para Gamarra, en Bolivia ya no hay democracia, sino un “autoritarismo competitivo, como lo denominan algunos de mis colegas profesores. Siguieron las reglas para llegar al poder y las cambiaron cuando lo habían asumido, cometiendo violaciones para quedarse en el poder”.

En el caso de Áñez, se debate la constitucionalidad de su llegada. “Creo que fue un momento en el que hubo una vacante de poder, con una serie de renuncias de quienes estaban en la línea de sucesión, lo que dejó una interpretación libre de la CPE y el aval del mismo Tribunal Constitucional que autorizó la reelección de Morales, pese a que la CPE lo prohibía. La paradoja, ese gobierno ‘de facto’ genera las condiciones para una elección limpia”.

Carlos Sánchez Berzaín, exministro en la última gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada, fue el más duro. “En Bolivia no existe democracia, es una dictadura y un narcoestado, porque no se respetan los cinco principios de la democracia: el respeto a los DDHH, separación de poderes, la sujeción al estado de derecho; elecciones libres con un padrón, en Bolivia, adulterado y la libre asociación política, hay más de 8.000 exiliados”.

Carlos Romero Bonifaz, exministro de Gobierno de Evo Morales, señaló que el tiempo de Áñez se cortó la democracia con un gobierno anticonstitucional que realizó ejecuciones extrajudiciales, torturas, que sacó a las FFAA a las calles y con orden de disparar.

Pero fue más allá, y dijo que ahora la democracia en Bolivia está amenazada “por fuerzas oscuras. Estados Unidos con la complicidad de grupos oscuros de poder local. El fomento al narcotráfico es una estrategia política que cuenta con la complicidad del sistema político, y me refiero al oficialismo, claramente penetrado en algunos liderazgos, ese es el plan negro; los del centro, Mesa, Samuel Doria Medina; y la derecha radical de Creemos y a la UCS. Está perforado”.


REBELIÓN ENLAS VENAS. LA LUCHA POLÍTICA EN BOLIVIA 1952-1982

La democracia había triunfado, pero se sabía que tenía pie de arcilla. Las Fuerzas Armadas se habían retirado, pero seguían intactas; los narcotraficantes, difamados por todos, aunque de manera algo diferente, continuaron realizando su comercio sin trabas; el pueblo celebró la recuperación de sus derechos y libertades, pero ahora necesitaba usarlos para superar su pobreza. 

Estados Unidos prometió apoyo e incentivos, pero estaba ocupado en una campaña general y escalonada en contra de la Unión Soviética, en particular, y en contra de la izquierda, en general, lo cual no permitía desviación alguna del capitalismo o de una trayectoria al capitalismo rigurosamente administrada. 

Las celebraciones del final de una era fueron, realmente, festejos que marcaron el inicio de una nueva fase, de una contienda familiar cuyos términos se hicieron todavía más críticos. Los primeros seis meses de la administración de Hernán Siles Zuazo trajeron pocas sorpresas. Estas, en su mayor parte, consistían en limpiar la escoria que se había instalado en el país durante los años anteriores, atrayendo mucha atención de Europa. Autor: James Dunkerley

El Deber

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