Turismo en Bolivia apunta a generar $us 3.000 millones, pero enfrenta trabas para crecer

Bolivia tiene atractivos naturales, históricos, culturales y gastronómicos capaces de convertirla en un destino importante del turismo internacional. Desde el Salar de Uyuni y el lago Titicaca hasta las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, el parque Madidi y las ciudades patrimoniales, el país cuenta con una oferta diversa. Sin embargo, esa riqueza todavía no se traduce en el movimiento económico que podría generar esta actividad.

El diagnóstico del sector es claro: el turismo boliviano tiene mercado y atractivos, pero necesita mejores condiciones para competir internacionalmente. La conectividad aérea, la seguridad, la estabilidad social, la promoción y las reglas para la inversión privada aparecen entre las principales tareas pendientes.

Los números muestran tanto la oportunidad como las dificultades. Bolivia recibió 1.145.165 visitantes extranjeros en 2025, un crecimiento del 15,5% frente a 2024. El gasto turístico receptor alcanzó los $us 818,6 millones, un incremento del 10,6%, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pero la recuperación todavía es incompleta. En 2019, antes de la pandemia, el país había recibido alrededor de 1,24 millones de visitantes extranjeros y generado unos $us 797 millones en ingresos turísticos. Aunque en 2025 los ingresos superaron esa referencia, el flujo de visitantes aún no volvió al nivel prepandemia.

En una entrevista con DINERO, programa de EL DEBER,  Luis Ampuero, presidente de la Cámara Boliviana de Turismo, señaló que el crecimiento registrado en 2025 fue positivo, pero insuficiente frente al potencial del país. Advirtió que los conflictos y bloqueos de carreteras golpearon las perspectivas de expansión del sector y afectaron a toda la cadena de servicios.

 

Una actividad que mueve hoteles, restaurantes, transporte y empleo

El turismo no se limita a la actividad de hoteles y agencias de viajes. Su impacto se distribuye entre restaurantes, transporte terrestre y aéreo, operadores turísticos, artesanos, productores locales, actividades culturales y emprendimientos familiares.

Los datos presentados en el programa DINERO, sitúan el aporte económico de la actividad en Bs 24.469 millones durante 2025, equivalente aproximadamente al 4,9% del Producto Interno Bruto (PIB). También señalan que el sector genera alrededor de 425.000 empleos directos.

La dimensión de esa cadena productiva explica por qué los problemas de movilidad o la caída de visitantes afectan a negocios de diferentes tamaños y regiones. Un turista que llega al país consume alimentos, contrata transporte, paga alojamiento, visita atractivos y compra productos locales.

Según el INE, la distribución del gasto de los visitantes extranjeros en 2025 muestra ese efecto multiplicador:

RubroParticipación en el gasto
Alimentos y bebidas27,2%
Transporte interno16,7%
Alojamiento16,7%
Esparcimiento10,9%
Otros gastos28,5%

El mayor porcentaje corresponde a alimentos y bebidas. Esto demuestra que la actividad turística también representa una oportunidad para la gastronomía, los pequeños restaurantes y los emprendimientos que ofrecen productos regionales.

Ampuero destacó que el turismo tiene la capacidad de distribuir ingresos en diferentes territorios y segmentos de la población. Además, puede generar oportunidades laborales para jóvenes y mujeres, con inversiones que no necesariamente requieren los largos periodos de maduración de otros sectores productivos.

 

Los bloqueos: un golpe económico y reputacional

Uno de los mayores problemas que enfrenta el turismo boliviano es la interrupción de las carreteras. A diferencia de otras actividades económicas, esta industria depende directamente de que los visitantes puedan desplazarse con seguridad y cumplir sus itinerarios.

Los bloqueos registrados durante mayo y junio de 2026 afectaron reservas, recorridos turísticos, transporte, hoteles y restaurantes. El Ministerio de Turismo informó que los cortes de rutas entre el 5 y el 14 de mayo ocasionaron pérdidas estimadas en Bs 398 millones para el sector. Posteriormente, al ampliar el periodo de evaluación, el Gobierno reportó perjuicios acumulados de alrededor de Bs 900 millones al 27 de mayo.

El problema no termina cuando se levanta un bloqueo. Las cancelaciones de reservas y las advertencias internacionales sobre las dificultades para viajar pueden prolongar el impacto durante meses.

Ampuero considera que la libre transitabilidad y la paz social son condiciones indispensables para recuperar la confianza de los visitantes. En su criterio, Bolivia no puede promocionarse como destino turístico si al mismo tiempo existen dificultades para trasladarse entre sus principales atractivos.

La conectividad aérea, el principal cuello de botella

Otro de los problemas estructurales es la limitada conectividad internacional. Para Ampuero, este es el principal obstáculo para que Bolivia pueda captar un mayor flujo de turistas extranjeros.

El presidente de Cabotur sostiene que actualmente menos de 10 aerolíneas internacionales prestan servicios al país, una cifra que considera insuficiente frente al potencial turístico boliviano.

Recordó que hace aproximadamente dos décadas La Paz recibía cerca de 20 compañías internacionales, entre ellas grandes aerolíneas que conectaban al país con importantes mercados emisores.

La reducción de las conexiones tiene consecuencias directas: menos frecuencias, menos alternativas de itinerarios y mayores dificultades para organizar viajes desde Europa, Norteamérica y otros mercados de larga distancia.

Además, una conectividad limitada puede encarecer los pasajes y hacer que Bolivia pierda competitividad frente a otros destinos de Sudamérica.

El representante empresarial plantea avanzar hacia una política de cielos abiertos, con menos trabas administrativas, sanciones y costos operativos para las compañías internacionales. También considera necesario mejorar la infraestructura aeroportuaria y generar condiciones para atraer nuevas rutas.

La preocupación por la conectividad no es exclusiva de Cabotur. En agosto de 2026, autoridades y representantes empresariales de Tarija reclamaron a Boliviana de Aviación (BoA) por la falta de disponibilidad de vuelos y boletos y el incremento de tarifas, debido a su impacto en hoteles, restaurantes y agencias de viajes.

Una ley de turismo que necesita actualizarse

El sector privado también considera que Bolivia requiere una nueva legislación que facilite las inversiones y establezca condiciones más favorables para el desarrollo de la actividad.

La Ley General de Turismo 292, denominada «Bolivia te espera», fue promulgada en septiembre de 2012. Ampuero considera que el marco normativo quedó desactualizado frente a las necesidades actuales de la industria, especialmente en materia de promoción, inversión y coordinación entre el sector público y privado.

La discusión ya comenzó. En septiembre, el Gobierno y Cabotur acordaron trabajar en la reactivación del Plan Maestro de Turismo, con énfasis en garantizar la libre transitabilidad y construir una estrategia de desarrollo para el sector.

Además, el Ejecutivo avanzó en la simplificación administrativa mediante el Decreto Supremo 5721, del 22 de septiembre de 2026, que modifica el reglamento de la Ley 292 para desregular procedimientos, digitalizar trámites y reducir trabas administrativas.

El Ministerio de Turismo también impulsa la elaboración de una nueva Ley de Fomento al Turismo Sostenible, una Estrategia Nacional de Turismo Sostenible 2026-2035 y una nueva Marca País Bolivia, con participación de los nueve departamentos y apoyo técnico y financiero del PNUD y el BID.

La tarea pendiente será traducir estos anuncios en reglas que den seguridad a los inversionistas, faciliten la operación de las empresas y permitan una promoción internacional sostenida.

 

Los feriados largos impulsan el turismo interno

Mientras busca recuperar el mercado internacional, el turismo interno se ha convertido en una alternativa para sostener la actividad económica de hoteles, restaurantes, transportistas y operadores turísticos.

La ampliación de los feriados largos es una de las medidas que el sector privado valora positivamente porque permite a las familias organizar viajes y genera movimiento en destinos que dependen de visitantes nacionales.

Un ejemplo fue el feriado del 23 al 25 de enero de 2026. Según el Ministerio de Turismo, más de 1,2 millones de personas se desplazaron por el país y generaron un movimiento económico de Bs 240,9 millones.

De ese total, 916.608 personas (73,3%) realizaron excursiones de un día, mientras que 333.850 (26,7%) efectuaron viajes con pernoctación.

Para Ampuero, los feriados largos incentivan la creación de paquetes turísticos, circuitos y ofertas de alojamiento, especialmente en destinos rurales.

Entre los lugares con oportunidades para aprovechar esta dinámica mencionó:

  • Cochabamba: gastronomía y turismo de naturaleza.
  • Tarija: enoturismo, vinos, quesos y gastronomía regional.
  • Chuquisaca: patrimonio histórico, arquitectura y cultura.
  • Santa Cruz: Misiones Jesuíticas, naturaleza, gastronomía y destinos de la Chiquitania.
  • La Paz: lago Titicaca, cultura, patrimonio y turismo de aventura.

El desafío es conseguir que el movimiento del turismo interno no se limite a los feriados, sino que permita sostener una demanda durante todo el año.

 

De $us 818 millones a un potencial de $us 3.000 millones

La Cámara Boliviana de Turismo considera que el país puede multiplicar sus ingresos si logra resolver sus problemas estructurales.

Ampuero mencionó estudios de la especialista Vic Anderson que estiman que Bolivia podría alcanzar ingresos de alrededor de $us 3.000 millones por turismo. Se trata de una proyección de potencial, no de una meta oficial ni de ingresos actualmente comprometidos.

El empresario considera que alcanzar ese nivel es posible en un plazo de tres a cinco años, siempre que se adopten medidas para mejorar la conectividad, garantizar la seguridad, promocionar los destinos y modernizar las normas.

Incluso planteó que Bolivia podría aspirar a recibir tres millones de turistas extranjeros, frente a los 1,14 millones registrados en 2025.

Para dimensionar la oportunidad, basta observar el desempeño de otros destinos regionales. República Dominicana recibió alrededor de 12 millones de visitantes en 2025, mientras que El Salvador registró aproximadamente 3,5 millones, según las comparaciones citadas por Ampuero durante la entrevista.

La diferencia no está solamente en los atractivos naturales. También intervienen la conectividad, la promoción internacional, la infraestructura y la capacidad de ofrecer servicios competitivos.

La ventaja del turismo, según el presidente de Cabotur, es que buena parte de los atractivos bolivianos ya existen. No se necesita esperar años para desarrollar nuevos yacimientos o construir grandes complejos industriales. Se requiere mejorar el acceso, poner en valor los destinos y comunicar al mundo lo que Bolivia puede ofrecer.

 

El desafío de convertir el turismo en una fuente de divisas y empleo

El turismo tiene una característica que lo diferencia de otras actividades económicas: sus beneficios pueden distribuirse entre miles de empresas y emprendimientos, desde grandes cadenas hoteleras hasta pequeños restaurantes, guías, transportistas y artesanos.

También representa una oportunidad para generar divisas sin depender exclusivamente de las exportaciones tradicionales de materias primas.

Los $us 818,6 millones generados por el turismo receptivo en 2025 muestran que existe una actividad económica consolidada, aunque todavía con espacio para crecer.

Para que esa cifra aumente, Bolivia necesita una política de Estado que articule al Gobierno nacional, las gobernaciones, los municipios y el sector privado. La promoción internacional debe acompañarse de seguridad, libre circulación, conectividad aérea y condiciones adecuadas para invertir.

El país tiene destinos capaces de competir en el mercado internacional. Lo que todavía falta es construir las condiciones para que llegar a ellos sea sencillo, seguro y atractivo.

Como resume Ampuero, el turismo puede convertirse en uno de los grandes motores de la economía boliviana. Pero para conseguirlo, primero hay que dejar de tratarlo como una actividad secundaria y asumirlo como una industria generadora de empleo, inversión y divisas.

El Deber