A pocos días del Día del Trabajo, el más reciente informe del Banco Mundial (BM) advierte que la persistente informalidad laboral en América Latina y el Caribe —que alcanza entre el 55% y el 60% de la fuerza laboral— se ha convertido en uno de los principales frenos estructurales para reducir la pobreza y mejorar la productividad en la región.

El documento, divulgado este miércoles, vincula directamente el comportamiento del mercado laboral con la evolución de los indicadores sociales. Durante la denominada “década dorada” (2003-2013), la pobreza se redujo en 17,4 puntos porcentuales, impulsada principalmente por el crecimiento económico. Sin embargo, tras la desaceleración posterior a 2013, ese ritmo cayó significativamente porque entre 2013 y 2024, la reducción fue de apenas 9,7 puntos.
El informe subraya que estos avances han sido frágiles y altamente dependientes de ciclos económicos. De hecho, una parte importante de la reducción de la pobreza en años anteriores respondió a factores temporales, más que a mejoras estructurales en productividad o ingresos sostenibles.
En este escenario, la informalidad aparece como un factor central. La pobreza en la región se concentra de manera desproporcionada en trabajadores con bajo nivel educativo, en empleos precarios o por cuenta propia, lo que limita su acceso a ingresos estables y a sistemas de protección social.

El atractivo de la informalidad
Uno de los aportes más reveladores del informe es que la informalidad no es solo una consecuencia de la falta de empleo formal, sino también una decisión económica racional de millones de trabajadores.
El empleo por cuenta propia —especialmente en microempresas de hasta cinco trabajadores— constituye el núcleo del sector informal. Según el Banco Mundial, muchos trabajadores valoran atributos no monetarios como la flexibilidad horaria, la autonomía y la posibilidad de “ser su propio jefe”.
Estudios citados en el documento muestran que estos factores pueden representar hasta un 14% del valor percibido del empleo, mientras que la flexibilidad equivale a más del 8% de los ingresos. Incluso, en países como México o República Dominicana, cerca del 80% de los trabajadores asalariados preferiría trabajar de forma independiente.
No obstante, esta elección tiene implicaciones macroeconómicas. La concentración de trabajadores en actividades informales responde a decisiones individuales que maximizan el bienestar personal, pero no necesariamente la productividad agregada de la economía.
El desempleo
El informe también advierte que la tasa de desempleo, tradicionalmente utilizada como indicador del mercado laboral, oculta buena parte del problema.
En América Latina, el desempleo se ha mantenido relativamente bajo e incluso cercano a niveles prepandemia en varios países. Sin embargo, esto no refleja una mejora real en la calidad del empleo. En economías con alta informalidad, los ajustes ante crisis económicas no se traducen en despidos masivos, sino en el traslado de trabajadores hacia actividades informales o de subsistencia.
Esto explica por qué pueden coexistir tasas de desempleo estables con bajo crecimiento de la productividad, ingresos débiles y avances limitados en la reducción de la pobreza.
Incentivos
El Banco Mundial identifica además fallas estructurales en los sistemas de protección social y en los esquemas tributarios que terminan desincentivando la formalización.
En algunos casos, las contribuciones a la seguridad social no se traducen en beneficios claros para los trabajadores, lo que reduce su atractivo. Además, existen distorsiones como la duplicación de aportes dentro de un mismo hogar o la dificultad de cumplir requisitos para acceder a pensiones, especialmente en trayectorias laborales inestables.
A esto se suman regulaciones que penalizan el crecimiento empresarial. Muchas microempresas enfrentan incrementos abruptos en impuestos y obligaciones al expandirse, lo que desincentiva su formalización y consolidación.
El desafío estructural
El informe concluye que la región enfrenta un desafío más profundo que la simple generación de empleo. La clave está en mejorar la calidad del trabajo y elevar la productividad.
Para ello, propone políticas orientadas a fortalecer empresas más productivas, mejorar el diseño de los sistemas de protección social y alinear los incentivos económicos hacia la formalidad.
Sin estas reformas, advierte el organismo, América Latina continuará atrapada en un círculo donde el bajo crecimiento limita la reducción de la pobreza, mientras la informalidad impide construir bases sólidas para un desarrollo sostenido.
El Deber