De acuerdo con el Observatorio San Calixto, Bolivia mantiene actualmente una actividad sísmica moderada y no registró eventos de gran magnitud en los últimos meses que representen una alarma para la población.

No obstante, movimientos recientes, como un sismo de magnitud 4,5 en la escala de Richter en el departamento de Potosí —que debido a su profundidad es poco probable que haya causado daños en la superficie— y los constantes movimientos subterráneos recuerdan la necesidad de prever ante cualquier contingencia.
La amenaza sísmica en el territorio boliviano no es uniforme, los niveles de peligro más altos se concentran principalmente en el occidente y en la región central, mientras que hacia el oriente predominan niveles considerablemente más bajos.
La zona central del país, donde se ubican Cochabamba y parte de Chuquisaca representa el área de mayor riesgo sísmico en Bolivia debido a la presencia de fallas geológicas activas bajo su suelo.
El mapa oficial de amenaza sísmica elaborado por el Observatorio en 2019, que divide al país en 13 zonas, advierte que estos departamentos se encuentran en zonas de alto riesgo con un periodo de retorno sísmico de 475 años, lo que se traduce en un 10% de probabilidad de que ocurra un terremoto muy fuerte en cualquier momento.
Frente a esta realidad, las autoridades de gestión de riesgos enfatizaron la importancia de la preparación previa dado que un evento sísmico dura apenas unos pocos segundos. René Camacho, responsable de la Unidad de Gestión de Riesgos de la Gobernación de Cochabamba, resaltó la importancia de capacitar a la población para que aprenda a actuar bajo el esquema de “el antes, el durante y el después”.
Con este fin, desde el departamento cochabambino se impulsa la elaboración de planes de contingencia familiares, escolares e institucionales, los cuales culminan con simulacros prácticos que enseñen a la sociedad a reaccionar ante una eventualidad.
¿Qué hacer frente a un sismo?
El protocolo básico de supervivencia durante un temblor exige, principalmente, mantener la calma e identificar rápidamente los sectores de seguridad estructural dentro de los edificios. Durante la etapa previa el enfoque debe centrarse en la organización preventiva de los hogares asegurándose de estar familiarizados con los planes de evacuación.
Finalmente, en la etapa del “después”, la prioridad absoluta consiste en evacuar de manera ordenada utilizando las vías de escape y las salidas de emergencia previamente identificadas para salvaguardar la integridad física de las personas.
Como medida de prevención inmediata, la recomendación establece que cada hogar debe contar con una mochila de emergencia equipada para garantizar la supervivencia básica durante las primeras 72 horas posteriores a un evento adverso.
Este equipo de supervivencia debe contener agua embotellada, alimentos no perecederos, un botiquín de primeros auxilios junto con los medicamentos prescritos para los miembros de la familia, una linterna con baterías de repuesto y una radio portátil para mantenerse informados. De igual manera, se recomienda incorporar dinero en efectivo, copias de documentos personales, ropa abrigada e impermeable, y artículos de higiene personal, asegurando una respuesta familiar responsable ante cualquier eventualidad sísmica en el país.
Correo Del Sur