Durante el último cuarto de siglo en Bolivia, los presidentes tuvieron treguas cortas tras asumir el cargo hasta el estallido de protestas, en varios casos, pidiendo su renuncia, tal como ocurre con el actual mandatario, Rodrigo Paz. La excepción fue Evo Morales, que gobernó de 2006 a 2019 apoyado en campesinos, sindicatos y otras organizaciones sociales, los que se movilizaron en 2003 hasta la dimisión de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Paz juró en noviembre del año pasado con el lastre de una severa crisis económica. Este mayo, a los seis meses, las protestas, que empezaron por una ley de conversión de la pequeña propiedad agraria y reclamos sectoriales escalaron rápidamente hasta eclosionar en un pedido de renuncia. Aunque el Gobierno llegó a acuerdos con varios sectores, campesinos de La Paz, la Central Obrera Boliviana (COB), juntas vecinales de El Alto y sectores evistas decidieron mantener los bloqueos y marchas con un único pedido: la salida de Paz.
De acuerdo con una revisión efectuada por CORREO DEL SUR, justamente estos sectores fueron los pilares del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) desde 2006 hasta 2019, durante el periodo de Morales, y mantuvieron el apoyo a su sucesor, Luis Arce, aunque no de manera tan cohesionada.
Si bien Arce cumplió su primer año con protestas en noviembre de 2021, no fue hasta 2024, cuando ya había roto con Morales, que los leales de este pidieron su renuncia con bloqueos arguyendo que no había hecho nada para resolver la crisis económica. De fondo estaba el pedido de habilitación de Morales como candidato y la molestia por un proceso judicial en su contra por trata de personas. Arce aguantó hasta las elecciones generales de 2025.
Su antecesora, la presidenta transitoria Jeanine Áñez, que llegó al Palacio de Gobierno tras la renuncia de Morales, enfrentó protestas y pedidos de dimisión prácticamente desde un inicio, sobre todo de las mismas organizaciones sociales base del MAS.
Morales llegó al poder vía elecciones tras una revuelta que sacó a Goni del Gobierno y que había empezado con el rechazo de sectores sociales de El Alto al proyecto de vender gas a Estados Unidos a través de Chile. Los reclamos crecieron por el resultado de la intervención militar a los bloqueos: decenas de muertos.
Sánchez de Lozada asumió el 6 de agosto de 2002 y organizaciones fundaron el Estado Mayor con anuncios tempranos de alejarlo del poder. Enfrentó su primera protesta grave en febrero de 2003, por el rechazo de policías al impuesto al salario, que luego retiró tras una decena de fallecidos por la intervención de militares. Después vino ‘Octubre Negro’, con los movimientos mencionados como protagonistas y cuya mayoría sostuvo después los 20 años del MAS.
A Goni le sucedió su vicepresidente Carlos Mesa, quien gobernó desde octubre de 2003 hasta junio de 2005. Vigilado desde el principio por las organizaciones en cuestión, enfrentó sus protestas más fuertes desde enero de 2004 y, agobiado por estas y por la falta de apoyo en el Congreso, presentó su dimisión final tras anuncios previos de dejar el cargo.
De junio a diciembre de ese año, asumió el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, con el encargo de convocar a elecciones.
Aunque sin pedidos explícitos de renuncia, tuvo movilizaciones casi permanentes: unas de carácter nacional, como la marcha indígena que partió de Cobija y tras la cual se acordaron medidas como la coparticipación en el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), o el descontento por la distribución de escaños en Diputados que movilizó a los departamentos afectados por los resultados del Censo, además de la presión del Congreso, cuyas cabezas habían tenido aspiraciones de gobernar el país.
PUNTOS DE VISTA
Para analistas consultados por este diario, no se trata de treguas sino de lo que hay detrás de las movilizaciones.
La politóloga Erika Brockmann remarca que de parte de las corporaciones movilizadas hay una comprensión de la democracia como un cogobierno a partir de lo vivido con el MAS; además percibe organizaciones “profundamente autoritarias y violentas”, que instrumentan el clivaje étnico. Sin embargo, apunta que la mayoría de la población se inclina por la democracia.
El analista político Germán Gutiérrez indica que en estos 44 años desde la recuperación de la democracia, en 1982, el gobierno de Rodrigo Paz “debe ser el que ha tenido una muy corta luna de miel” truncada ahora por pedidos de renuncia que atribuye, por un lado, a movimientos conspirativos, y por otro, a su falta de gestión.
Recuerda la administración de Hernán Siles Zuazo que heredó la hiperinflación que no pudo revertir en 100 días, como había prometido; su gobierno duró menos de dos años.
A la luz de este ejemplo, señala que la relación Presidente-Vicepresidente no contribuyó a salir adelante.
«ESTRATEGIA»
Erika Brockmann
POLITÓLOGA
Estaba cantado. En una crisis tan profunda era imposible que no haya empezado a coagular esto desde hace mucho rato. Es una conspiración de verdad gestada desde el año pasado cuando aprovecharon la cohesión y empezaron a articular sindicatos campesinos con una lógica antimedidas liberales que son el camino que parece ser señala la crisis (…) Es una articulación mucho más de fondo, fortalecida y nutrida a partir de años de ejercicio de este tipo de estrategias”.
«INESTABILIDAD»
Germán Gutiérrez
ANALISTA POLÍTICO
La democracia en Bolivia siempre ha estado marcada por procesos de inestabilidad, confrontación y falta de institucionalidad. No es una democracia madura y no se aproxima a otras democracias en el mundo, aunque ellas también están en crisis (…) El gobierno de Rodrigo Paz debe ser el que ha tenido una muy corta luna de miel con la ciudadanía y el día de hoy está en duda su propia presidencia por movimientos conspirativos y por una falta de gestión”.
Correo Del Sur