Cuando la inmediatez amenaza el pensamiento crítico: Retos en la universidad boliviana

La evolución de los ecosistemas informativos dentro de la educación superior, la automatización del conocimiento y el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) generativa en las competencias de la investigación de la juventud erosionando el pensamiento crítico, no solo han marcado nuevos roles y desafíos para los bibliotecarios de hoy, sino que representan un cambio de paradigma que trasciende la mera catalogación como herramienta auxiliar hacia una disrupción que exige la reevaluación de los modelos pedagógicos, métodos de evaluación y diseño curricular.

Estas son las conclusiones que nos aportan tres profesionales de la educación superior con su análisis y experiencia en este 30 de junio, día del bibliotecario boliviano.

Durante la presidencia del Mariscal Andrés de Santa Cruz, se promulgó el decreto de 30 de junio de 1838, que crea en las capitales de departamento y en las provincias Litoral y Tarija bibliotecas públicas. En homenaje a esta disposición y “en reconocimiento a la digna labor que desarrollan los trabajadores de la información, en beneficio de la sociedad”, hoy, 30 de junio, se conmemora el Día del Bibliotecario Boliviano, establecido mediante Resolución Ministerial N° 511/07 de 28 de septiembre de 2007 (Ministerio de Trabajo).

Para Andrea Ballivian Blanco, directora de Bibliotecas de la Universidad Católica Boliviana (UCB) hoy nos encontramos ante una profunda reconfiguración metodológica, pedagógica y ética en las aulas universitarias, las bibliotecas virtuales ya forman parte de la actividad académica cotidiana y no operan únicamente como repositorios pasivos de consulta sino como el eje de un proceso permanente de rigor científico con inmediatez tecnológica.

Uno de los frentes más críticos de hoy, es sin duda, el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) generativa, la alarmante facilidad con la que estas herramientas automatizan resúmenes esta erosionando la capacidad de indagación profunda y crítica de los estudiantes. La realidad analizada por Ballivian de la gestión operativa de las bibliotecas es contundente: “Las evidencias recogidas apuntan en una dirección clara: los estudiantes están perdiendo habilidades de búsqueda bibliográfica rigurosa, y la inteligencia artificial está ocupando el lugar que antes correspondía al pensamiento crítico”.

Esta inmediatez rompe el proceso indispensable de evaluar, comparar y seleccionar fuentes académicas, llevando a los alumnos a evitar la revisión minuciosa de textos con el correspondiente análisis de los mismos.

Según el criterio profesional de la directora de Bibliotecas de la UCB, el desafío de fondo para los profesionales de las bibliotecas no es técnico, sino pedagógico. El verdadero peligro radica en la velocidad de la innovación frente a la capacidad de respuesta institucional manifestándose un claro desajuste entre la innovación tecnológica y la formación continua de los bibliotecarios, pero también de los docentes. El reto actual consiste en rediseñar la enseñanza para que la IA actúe como un amplificador del discernimiento humano y no como su cómodo sustituto.

Ya no se puede concebir una universidad sin biblioteca virtual, la relevancia de estas plataformas trasciende el aula y se convierte en un factor de supervivencia institucional durante los exigentes procesos de acreditación universitaria. Existen varias opciones de acceso gratuito a colecciones de libros electrónicos, pero la diferencia en este ámbito entre depender de estos recursos gratuitos frente a las bases de datos suscritas con derechos de propiedad intelectual es abismal.

La legalidad y el respaldo de firmas internacionales de prestigio marcan el estándar de rigor que exigen los pares evaluadores, influyendo decisivamente en la calidad de los contenidos, la fiabilidad de las métricas de producción científica y la credibilidad ética de la universidad. “Las bases de datos de editoriales con prestigio internacional, garantizan un proceso de revisión por pares sistemática”, subraya Ballivian desde su perspectiva y experiencia. Este filtro formal, del que suelen carecer los repositorios abiertos, proporciona los indicadores de impacto y su uso, aspectos reales que validan un informe de autoevaluación institucional.

Para Rosario Vargas Álvarez, jefa de la Biblioteca de Tecnología de la Universidad Autónoma Gabriel Rene Moreno (UAGRM), se hacen evidentes dos grandes desafíos que configuran la educación contemporánea: la gestión ética de la Inteligencia Artificial frente a la investigación rigurosa y el valor de las plataformas virtuales certificadas en la acreditación institucional.

El primer gran dilema radica en la resistencia a la búsqueda de información ante la irrupción de la IA generativa en las dinámicas de estudio. Existe una tendencia palpable a utilizar estas tecnologías como un atajo absoluto para resumir textos, lo que amenaza con erosionar la capacidad de los estudiantes para realizar investigaciones bibliográficas profundas y contrastadas. Frente a este panorama, la biblioteca moderna no debe actuar como un ente censor, sino como un faro metodológico.

La experiencia de Vargas Álvarez demuestra que la clave está en guiar al estudiante para que asuma la autoría real de los procesos formativos, empleando libros digitales y artículos científicos de fuentes confiables, y relegando la IA a un rol más operativo. Es sus propias palabras, el norte pedagógico exige orientar a los jóvenes para que “usen la IA como una herramienta auxiliar para realizar búsquedas bibliográficas confiables, hacer sus presentaciones y organizar su información elaborada por ellos”. De esta manera, sostiene, la tecnología se transforma en un catalizador de la eficiencia sin sustituir el pensamiento crítico.

Por otro lado, la implementación de bibliotecas virtuales responde también a un estándar imperativo de calidad y legalidad institucional que las universidades están asumiendo con verdadera responsabilidad en beneficio de la calidad educativa.

En los procesos de evaluación externa y acreditación universitaria -ya sea a nivel nacional mediante el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) o internacional a través del sistema ARCU-SUR del Mercosur-, la procedencia y el soporte legal de los recursos informativos son minuciosamente auditados. Los pares evaluadores exigen la erradicación del uso de fotocopias o reproducciones ilegales, priorizando acervos actualizados y respaldados por derechos de propiedad intelectual de editoriales de prestigio.

Como bien apunta la experta, en estos momentos de alta exigencia académica “es importante estar suscritos a plataformas virtuales reconocidas a nivel internacional que tengas libros, artículos y revistas científicos”. Hay que tomar esto en serio ya que se traduce en contar con una rigurosidad técnica y de contenidos, lo que incide directamente en la puntuación y el prestigio de las carreras, consolidando a la biblioteca virtual como una inversión estratégica en el marco de la excelencia.

La transformación de la educación superior en Bolivia ya no es un tema de debate, es un imperativo del presente; en este escenario la Universidad Real (UREAL) emerge como un laboratorio de adaptación y resiliencia institucional. Bajo la dirección de su Rector, el Dr. Samuel Goyzueta PhD., la institución asume la digitalización como una reforma pedagógica y no sólo como una renovación técnica, redefine así la relación del estudiante con el conocimiento en plena era de la IA.

Uno de los mayores temores de la academia contemporánea es la progresiva erosión del hábito de la lectura sostenida, amenazada por el uso instrumental de la IA generativa que ofrece tentadoras opciones a los estudiantes como un atajo hacia la síntesis de textos. Frente a esta “comodidad automatizada”, el Dr. Goyzueta propone una reconfiguración radical del espacio de la biblioteca, entendiéndola no como un mausoleo de textos, sino como un dinámico centro de co-creación.

Para la UREAL, la respuesta al desafío de la IA no puede ser la prohibición, sino la integración híbrida que fomente el debate y la investigación rigurosa. “El espacio de la biblioteca permite que sea un espacio (…) mucho más de aprendizaje colaborativo que de lectura fría y revisión bibliográfica, sino que además se cruza la información de la biblioteca digital con el respaldo del libro físico. Eso permite generar una evaluación entre pares de la información y que se genere un autoconocimiento, un autoaprendizaje respecto al tema en cuestión”, explica la autoridad universitaria.

Así como hay opciones de acceso gratuito, el acceso a literatura científica de alto nivel representa otra gran línea divisoria en la realidad educativa global. Aunque el entorno virtual promete democratizar la información, los costos de licenciamiento de los repositorios más prestigiosos del mundo imponen barreras casi infranqueables para las universidades de la región.

El Dr. Goyzueta aborda esta problemática con una franqueza indispensable para el debate nacional, reconociendo que la democratización del saber a menudo colisiona con las limitaciones financieras de nuestro contexto: «Lastimosamente, lo mejor de la ciencia está en plataformas y bases de datos cerradas. Por ejemplo, Scopus, que te puede salir más de 100.000 dólares solamente el buscador, y aparte ScienceDirect, que pueden ser otros 200.000. Primero, que esa no es la realidad boliviana para poder tener esto. Sí debería ser, porque al final es lo que se exige en acreditaciones internacionales y todo».

Para solventar esta asimetría, la UREAL ha alineado su estrategia de investigación con el movimiento de Open Science (Ciencia Abierta) y opciones de pago más accesibles y de muy buena calidad como eLibro y Digitalia Hispánica. Mediante una rigurosa curaduría de bases de datos de acceso libre pero validadas por la comunidad científica internacional, la universidad garantiza la rigurosidad académica sin comprometer su sostenibilidad financiera.

Desde el punto de vista de la gestión administrativa, este modelo es muy conveniente ya que optimiza el presupuesto al eliminar costos de espacio y mantenimiento, multiplicando el acervo con plataformas como eLibro y Digitalia Hispánica. Esta sustitución o complementación del soporte físico expande los recursos bibliográficos de forma superior a la de una biblioteca tradicional, lo que a su vez libera la infraestructura existente para ser reconfigurada y transformada en laboratorios de co-creación y aprendizaje colaborativo.

Esta gestión estratégica demuestra que, en Bolivia, la calidad de la educación superior no solo se mide por la robustez de los presupuestos, sino por la agilidad intelectual de sus autoridades para convertir las limitaciones del entorno en oportunidades de soberanía científica. El verdadero reto, por ende, sigue siendo cultural: educar a una generación para que elija el camino del rigor metodológico sobre la seducción del clic fácil.

Correo Del Sur