Bolivia consiguió reducir su inflación interanual en 15 puntos porcentuales durante los primeros ocho meses de 2026, en un contexto de reformas económicas que incluyeron cambios en los subsidios a los combustibles y la política cambiaria. El Banco Mundial reconoce estos avances, pero advierte que todavía persisten desequilibrios fiscales y externos que deben ser atendidos para consolidar la estabilización.

El informe Panorama económico de América Latina y el Caribe, publicado en octubre, señala que la inflación interanual boliviana disminuyó del 20% a finales de 2025 al 5% en agosto de 2026. La evolución coincide con un proceso de reorientación de la política económica iniciado a finales del año pasado.
En su evaluación, el organismo identifica la reducción de los subsidios a los combustibles, el endurecimiento de la política monetaria y la adopción de un régimen de tipo de cambio flexible a mediados de 2026 como cambios significativos respecto del modelo anterior.
El análisis también menciona el acercamiento a organismos multilaterales para respaldar un programa de reformas orientado a la sostenibilidad fiscal, la protección social y la expansión de la actividad económica mediante la iniciativa privada.
Los desafíos pendientes
La reducción de la inflación no significa que los precios de los productos hayan regresado a sus niveles anteriores. El indicador interanual mide la variación del nivel general de precios respecto del mismo periodo del año precedente. Una tasa menor implica que los precios aumentan a un ritmo más lento.
Tampoco supone una recuperación inmediata de la producción. Mientras el informe reconoce avances en la estabilización, mantiene una estimación de contracción económica del 2,8% para 2026 y proyecta otra caída del 1,4% para 2027.
Esta combinación plantea un desafío para las autoridades: mantener el control de las presiones inflacionarias y, al mismo tiempo, recuperar la inversión, el consumo y la actividad productiva.
El Banco Mundial considera que las medidas iniciales aliviaron las presiones macroeconómicas inmediatas, pero subraya que la administración cuidadosa de los desequilibrios fiscales y externos continúa siendo fundamental para consolidar la transición.
Combustibles y vulnerabilidad externa
El informe dedica un apartado a la volatilidad de los mercados internacionales de energía y sus efectos sobre los países latinoamericanos.
En el caso boliviano, identifica al país como importador neto de combustibles líquidos y señala que las autoridades buscan preservar la estabilidad de los precios mediante una estrategia activa de importaciones administradas por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).
El organismo explica que sostener este esquema exige una coordinación permanente entre las necesidades de abastecimiento interno y las condiciones del sector externo.
En el conjunto de América Latina, la volatilidad de los precios de la energía, las restricciones fiscales y los elevados costos del endeudamiento obligan a los gobiernos a revisar sus mecanismos de protección a los consumidores.
El Banco Mundial también advierte que los riesgos regionales permanecen orientados a la baja. Entre ellos identifica los efectos de los conflictos internacionales sobre los precios de la energía y los alimentos, además de las posibles consecuencias del fenómeno de El Niño.
Para Bolivia, las previsiones muestran una economía que consiguió reducir la inflación, pero que todavía enfrenta el desafío de estabilizar sus cuentas y recuperar el crecimiento. La consolidación de las reformas dependerá de su capacidad para atender esas restricciones sin profundizar el deterioro de la actividad económica.
El Deber