Dólar en ascenso: de Bs 11,92 a Bs 12,32 en una semana y crece la alerta por alimentos e inflación


El dólar volvió a tomar impulso en Bolivia. Este jueves, 3 de septiembre, la cotización oficial del dólar estadounidense publicada por el Banco Central de Bolivia (BCB) se ubicó en Bs 12,32 por unidad, frente a los Bs 11,92 vigentes durante el fin de semana del 29 al 31 de agosto.

En pocos días, la divisa estadounidense subió Bs 0,40, equivalente a un incremento de 3,36%. El movimiento fue rápido: la cotización se situó en Bs 12,26 el 2 de septiembre y un día después avanzó otros seis centavos hasta alcanzar Bs 12,32.

El comportamiento del dólar abre nuevamente una interrogante que impacta directamente en los hogares: ¿cuánto de esta subida terminará trasladándose a los precios que pagan los consumidores?

La respuesta dependerá de la duración y magnitud de la depreciación, pero el riesgo existe. Bolivia continúa dependiendo de la importación de una amplia variedad de productos, materias primas, maquinaria e insumos. Cuando el dólar sube, esos bienes se encarecen en bolivianos.

Y el efecto puede amplificarse si a la presión cambiaria se suma otro problema que todavía no termina de resolverse: la oferta irregular de diésel.

De Bs 11,92 a Bs 12,32: así subió el dólar

La última semana mostró un cambio de tendencia y una aceleración de la cotización.

FechaCotización del dólar
29 al 31 de agostoBs 11,92
1 de septiembreTransición hacia nueva cotización
2 de septiembreBs 12,26
3 de septiembreBs 12,32

El resultado es un incremento de 3,36% respecto al nivel de Bs 11,92 registrado al cierre de agosto.

El dato adquiere relevancia porque el BCB se encuentra en un proceso de flexibilización cambiaria iniciado en abril. El banco central ha señalado además que realizará operaciones de compra y venta de dólares para mitigar fluctuaciones extremas, en el marco de un mercado cambiario más flexible.

Por tanto, la subida del dólar ya no debe analizarse solamente como una diferencia entre una cotización oficial y un mercado paralelo. El precio publicado por el BCB se ha convertido en una referencia más directa para la formación de costos y las decisiones económicas.

 

¿Qué pasa con el poder adquisitivo?

El primer impacto de una depreciación es una pérdida de capacidad de compra frente a bienes y servicios cuyo precio está vinculado al dólar.

Un salario de Bs 5.000, por ejemplo, no cambia nominalmente porque el dólar pase de Bs 11,92 a Bs 12,32. Sin embargo, el poder de compra de esos bolivianos puede disminuir si los productos que consume la familia aumentan de precio.

El traslado no ocurre de manera automática ni al mismo tiempo para todos los bienes. Los productos y servicios con una mayor proporción de componentes importados suelen sentir primero el efecto: equipos electrónicos, repuestos, vehículos, medicamentos e insumos industriales, entre otros. Pero el impacto también puede llegar a productos fabricados en Bolivia.

La razón es que muchas empresas nacionales importan maquinaria, repuestos, fertilizantes, agroquímicos, semillas, envases, aditivos o materias primas.

Así, una depreciación sostenida puede generar un efecto en cadena: sube el costo del insumo, aumenta el costo de producción y las empresas intentan trasladar una parte de ese incremento al precio final.

La magnitud de ese traslado dependerá, sin embargo, de otro factor: la capacidad de compra de los consumidores. En una economía debilitada, las empresas no siempre pueden aumentar todos sus costos porque una subida excesiva puede reducir aún más las ventas.

 

¿Los alimentos se van a encarecer?

El dólar no significa, por sí solo, que al día siguiente suba el precio del pollo, el pan, la carne o las verduras. Pero sí aumenta los riesgos de que algunos alimentos reciban presión al alza.

En el caso de la producción agropecuaria, el efecto cambiario puede sentirse en insumos importados, como fertilizantes, agroquímicos, semillas y medicamentos veterinarios.

También puede impactar en los costos de los alimentos procesados mediante la importación de materias primas, empaques, maquinaria o repuestos.

Pero el factor que puede resultar más inmediato es el transporte.

Un producto puede salir del campo sin haber aumentado su precio, pero si se encarece su traslado hasta el mercado, el costo final cambia. Y allí aparece el problema del diésel.

La irregularidad en el abastecimiento obliga a productores y transportistas a enfrentar filas, demoras y mayores costos operativos. Cuando un camión permanece detenido durante horas o días esperando combustible, se encarece la logística y se altera el flujo normal de mercadería.

La situación resulta especialmente delicada para productos perecederos. En frutas, verduras, carnes, leche y otros alimentos, una demora logística no solo implica un mayor gasto en transporte: también puede generar pérdidas de mercadería.

Por eso, dólar y diésel pueden convertirse en una combinación inflacionaria. El primero encarece los costos dolarizados; el segundo eleva el costo de mover y producir los bienes.

Reuters reportó este jueves que las dificultades vinculadas a los combustibles continúan generando presión sobre hogares e industrias, mientras sectores sociales y empresariales demandan soluciones al problema de abastecimiento y a los mayores costos energéticos.

 

La inflación venía bajando, pero aparecen nuevos riesgos

La economía boliviana llegó a septiembre después de una fuerte desaceleración inflacionaria en julio.

El INE reportó que el Índice de Precios al Consumidor cayó 2,79% en julio, lo que redujo la inflación acumulada de los primeros siete meses del año a 1,89% y la variación a 12 meses a 4,93%.

La principal explicación fue la normalización del abastecimiento luego de los bloqueos de mayo y junio. Al restablecerse la transitabilidad, bajaron los precios de varios alimentos, entre ellos carne de pollo, carne de res, cebolla, zanahoria y plátano.

Este antecedente permite sacar una conclusión importante: la inflación reciente en Bolivia ha estado muy vinculada a los problemas de oferta.

Cuando las carreteras estuvieron bloqueadas y los productos no podían llegar con normalidad a los mercados, los precios subieron. Cuando se recuperó la transitabilidad, varios alimentos bajaron.

Ahora surge otro riesgo para la oferta: el combustible.

Si la irregular provisión de diésel se prolonga y coincide con una depreciación más acelerada del boliviano, podrían reaparecer presiones sobre los precios.

 

¿Va a subir la inflación?

Germán Molina, economista, sostuvo que todavía es prematuro afirmar que la inflación volverá a acelerarse de manera generalizada. Una subida del dólar durante algunos días no necesariamente se transforma en un aumento permanente del nivel de precios.

Pero hizo notar que hay tres condiciones que justifican la alerta.

La primera es la persistencia de la depreciación. Si el dólar se estabiliza, el impacto puede ser limitado. Si continúa subiendo durante semanas, los importadores y productores tendrán que recalcular sus costos.

La segunda es el grado de dependencia de las importaciones. Cuanto mayor sea el contenido importado de un producto, más rápido puede sentirse la depreciación.

Y la tercera es el diésel. Un abastecimiento normal ayuda a contener los costos logísticos. Una provisión irregular, por el contrario, agrega presión a toda la cadena.

El desafío para las autoridades será evitar que ambos factores —tipo de cambio y combustibles— se retroalimenten.

 

El riesgo para el bolsillo está en la suma de presiones

Molina precisa que para una familia, el efecto económico no se mide únicamente por la cotización del dólar.

El problema aparece cuando la subida de la divisa comienza a coincidir con mayores costos en el mercado, el transporte, los medicamentos, los servicios y otros productos cotidianos.

Por ahora, la inflación oficial de julio mostró una desaceleración importante. Sin embargo, ese resultado estuvo apoyado precisamente en una mejora del abastecimiento y en la reducción de precios de alimentos.

El comportamiento de septiembre será, por ello, una prueba relevante.

Si el dólar continúa subiendo y la provisión de diésel no logra normalizarse, la economía podría enfrentar una nueva presión sobre los costos. Los alimentos no necesariamente subirán todos ni de inmediato, pero los productos con mayor dependencia de insumos importados y aquellos afectados por problemas de transporte serán los más expuestos.

El salto de Bs 11,92 a Bs 12,32 en pocos días representa, así, algo más que una variación en una pizarra cambiaria. Es una señal que comienza a ser observada por importadores, productores, comerciantes y consumidores.

La clave ahora será determinar si el dólar encuentra un nuevo punto de equilibrio o si la escalada continúa. De esa respuesta dependerá buena parte de la presión que pueda trasladarse al bolsillo de los bolivianos en las próximas semanas.

El Deber