Las filas por gasolina comienzan a reducirse después de semanas de incertidumbre. En Santa Cruz, el ingreso de un convoy ferroviario permitió reforzar el abastecimiento y, en La Paz, la espera en las estaciones de servicio empezó a disminuir. Sin embargo, el combustible que mueve la producción sigue siendo insuficiente. El diésel continúa como el principal cuello de botella para la economía boliviana y amenaza con trasladar sus efectos al abastecimiento de alimentos.

YPFB sostiene que el suministro ingresó en una etapa de recuperación gracias a mayores volúmenes de importación y al restablecimiento gradual de la logística, afectada durante más de un mes por los bloqueos. En Santa Cruz, el transporte ferroviario permitió acelerar la descarga de gasolina y aliviar la presión sobre los surtidores. La estatal asegura que el abastecimiento tenderá a normalizarse durante esta semana.
Pero la recuperación todavía no alcanza al diésel. En Santa Cruz persisten las filas de camiones y maquinaria agrícola en busca del combustible que mueve el transporte pesado, la cosecha y la siembra. Aunque YPFB afirma que la escasez está siendo superada paulatinamente, el abastecimiento sigue siendo insuficiente para atender la demanda del sector productivo.
La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) advirtió que la falta de diésel pone en riesgo la campaña de invierno y la seguridad alimentaria. El retraso en el suministro ya afecta las labores de siembra y compromete una actividad que depende de ventanas muy cortas de trabajo. Cada jornada perdida reduce las posibilidades de recuperar el ritmo productivo y puede repercutir en la oferta de alimentos durante los próximos meses.
Si las labores agrícolas siguen postergándose, el impacto dejará de sentirse únicamente en el campo. También podría reflejarse en una menor oferta de alimentos y en nuevas presiones sobre los precios durante el segundo semestre.
Para el exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos, el transporte ferroviario representa un avance porque reduce costos logísticos, agiliza la descarga y disminuye el riesgo de adulteración del combustible. Sin embargo, advierte que solo atenúa una parte del problema. Bolivia importa alrededor del 95% del diésel y el 65% de la gasolina, consecuencia de la caída de la producción nacional y de la falta de exploración durante los últimos años.
A su juicio, el país dependerá cada vez más de las importaciones mientras no recupere su capacidad de producir hidrocarburos. Por ello plantea una nueva Ley de Hidrocarburos que incentive inversiones y reduzca la dependencia externa.
La crisis del combustible comienza a cambiar de rostro. Las filas por gasolina empiezan a desaparecer, pero mientras el diésel siga siendo insuficiente para mover tractores, camiones y maquinaria pesada, la economía continuará funcionando por debajo de su capacidad. El desafío ya no es solo abastecer surtidores, sino garantizar combustible para producir alimentos y sostener la actividad económica.
El Deber