Vuelo de retorno termina en tragedia: fallecieron los dos tripulantes

El silencio con la torre de control no llegó de golpe. Se instaló lentamente, como una señal que nadie quería interpretar. Primero fue una demora en la comunicación; luego, una anomalía en el radar; finalmente, una certeza que empezó a tomar forma: algo no estaba bien en el aire.

A las 08:31 del lunes 13 de abril, una aeronave que realizaba vuelos privados despegó desde el Aeropuerto Internacional de El Alto con destino a Santa Cruz. Era un vuelo de retorno. El trayecto inicial se realizó con normalidad, sin reportes de incidentes ni señales que anticiparan un desenlace distinto.

El vuelo de retorno

El regreso hacia Santa Cruz comenzó como una rutina dentro de la operación aérea. A bordo viajaban únicamente el piloto Carlos Moyano y el copiloto Julio César Sardán, ambos con amplia experiencia de vuelo acumulada. Eran profesionales habituados a rutas exigentes y a condiciones variables, formados para responder ante escenarios complejos.

A las 08:31 del lunes 13 de abril, la aeronave despegó desde el Aeropuerto Internacional de El Alto con destino a Santa Cruz. Horas antes, ese mismo jet había cumplido su misión sin sobresaltos al trasladar desde Santa Cruz hasta La Paz al ministro de Desarrollo Productivo,  Óscar Mario Justiniano, según dijo el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora.

A las 08:47, apenas 16 minutos después del despegue, la aeronave perdió comunicación con el Centro de Control de Área (ACC) de La Paz.

La alerta fue inmediata. Según el reporte oficial de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), el avión continuó siendo detectado por radar durante algunos minutos más, aunque con un comportamiento inusual: comenzó a realizar órbitas al norte del departamento de Cochabamba sin lograr restablecer contacto con las dependencias de control.

La situación se volvió más crítica conforme pasaban los minutos. Aproximadamente a las 11:00, la señal desapareció por completo de los sistemas de monitoreo. El avión dejó de estar visible en el radar y, con ello, se abrió un escenario de desconcierto total.

Horas de incertidumbre

Mientras se desplegaban los operativos, el Ministerio de Obras Públicas expuso una primera hipótesis para explicar lo ocurrido. El ministro Zamora señaló que el comportamiento errático de la aeronave podría deberse a una despresurización de cabina, es decir, una pérdida de oxígeno en pleno vuelo que habría provocado la descompensación de los pilotos. Según esa versión preliminar, la falta de oxígeno habría dejado a la aeronave sin control humano, lo que explicaría las maniobras circulares registradas en el radar antes de la caída. 

En paralelo, se activaron de inmediato los protocolos de emergencia. La DGAC informó que el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) fue puesto en marcha en estricto cumplimiento de la normativa aeronáutica vigente . Equipos de rescate, unidades terrestres y aeronaves de apoyo fueron movilizados hacia la zona estimada del incidente, en una región de difícil acceso entre Cochabamba y el trópico.

Las horas comenzaron a pesar. La información llegaba de forma fragmentada y cada actualización abría nuevas preguntas. Primero se confirmó la pérdida de comunicación; luego, las maniobras irregulares en el radar; más tarde, la desaparición total de la señal. Las familias, los equipos de rescate y las autoridades permanecieron atentos ante cualquier indicio.

Entre quienes se sumaron al rastrillaje estuvo el hermano del piloto Carlos Moyano, también piloto, quien salió en su propia aeronave con la esperanza de encontrar con vida a los ocupantes. Su presencia en el operativo condensó el espíritu de la jornada: la búsqueda no era solo técnica, era también emocional, sostenida por la negativa en aceptar lo peor.

Cada sobrevuelo abría una posibilidad. Cada minuto sin respuesta, en cambio, profundizaba la incertidumbre. El país seguía la evolución del caso con atención, mientras el operativo se intensificaba en tierra y aire.

El hallazgo y el desenlace

En horas de la tarde, un sobrevuelo logró ubicar el lugar donde se encontraba la aeronave. Fue un punto de quiebre. La confirmación de la ubicación permitió concentrar los esfuerzos en un área específica y acelerar el despliegue de los equipos de rescate.

Minutos después, la noticia comenzó a tomar forma con mayor claridad. Los equipos que llegaron al lugar confirmaron lo que durante horas se había intentado evitar: la aeronave se había precipitado y no había sobrevivientes. El piloto Carlos Moyano y el copiloto Julio César Sardán fallecieron en el accidente, cerrando de manera trágica una operación que había movilizado recursos y expectativas durante toda la jornada.

Ambos pilotos contaban con experiencia y una trayectoria consolidada en la aviación. Su muerte representó una pérdida para sus familias y para el sector aeronáutico, que vio partir a dos profesionales formados en un oficio donde la precisión y la disciplina son fundamentales.

El impacto de la noticia fue inmediato. La confirmación puso fin a horas de espera, pero también abrió un nuevo capítulo: el de las investigaciones. Las autoridades iniciaron el proceso para determinar las causas del accidente, con la previsión de emitir un informe técnico preliminar en las próximas horas. Se analizarán los registros de vuelo, las condiciones meteorológicas, el estado de la aeronave y todos los elementos que permitan reconstruir lo ocurrido.

El lunes terminó con una certeza que nadie quería confirmar, pero que finalmente se impuso. La búsqueda concluyó con la localización de la aeronave y la recuperación de los cuerpos de los pilotos, dejando una jornada marcada por la incertidumbre, la movilización y la esperanza sostenida hasta el final. Porque durante esas horas, incluso cuando las señales eran adversas, nadie dejó de buscar.

Antecedente

Otra tragedia aérea se lamentó el pasado viernes 27 de febrero en El Alto, que dejó un saldo oficial de 24 personas fallecidas, entre ellas cuatro niños, y 37 heridos distribuidos en distintos centros hospitalarios de La Paz y El Alto.

En esa ocasión, un nave militar cuatrimotor Hércules (FAB 81) se salió de la pista del aeropuerto de El Alto tras aterrizar y cumplir un viaje entre Santa Cruz y La Paz. La nave arrastró a vehículos y causó varios fallecidos porque impactó en una zona densamente poblada.

El avión transportaba una carga de billetes del Banco Central de Bolivia.

El Deber